martes, 14 de febrero de 2017

Otra vez

  Si tratáramos de buscar el papel más idóneo en una película para el presidente Trump, creo que habría casi unanimidad reservándole el de pistolero más rápido del viejo Oeste. Pido perdón a quienes se puedan sentir ofendidos si me he excedido en el sarcasmo, pero el personaje me supera y prefiero dejar a un lado la decena de calificativos que adornan su quehacer diario y describirlo de un brochazo, o mejor decir, pincelada, que queda más fino.

  Todavía no lleva un mes en el cargo y empieza a poner patas arriba todo el engranaje de la nación más poderosa del Planeta, una nación de naciones (o si se prefiere estados) que durante muchos años ha sido referente de las democracias occidentales y espacio inmenso de oportunidades donde han convivido, con mayor o menor armonía, anglosajones, afroamericanos, latinos, aborígenes, asiáticos o irlandeses.

  Nada más tomar posesión del cargo firmó la derogación del Obamacare sanitario. Después se han ido precipitando los acontecimientos: próxima construcción del muro fronterizo con México, la prohibición para entrar en USA de nativos procedentes de 7 países islámicos (curiosamente no estaban vetados los de Arabia Saudí), constantes enfrentamientos con el estamento judicial y la amenaza de cambiar las leyes para aminorar la autoridad del tercer poder, vetos y encontronazos permanentes con la prensa, desencuentros con un amplio sector femenino, indisimulados enfrentamientos verbales con presidentes o primeros ministros de otras naciones, como el de Australia. En la vorágine de su papel presidencial, y que tal vez haya pasado desapercibido para la ciudadanía por otros asuntos más llamativos, siendo de una trascendencia suprema -ojalá me equivoque-, son los primeros pasos en la enésima desregulación del sistema financiero, como hicieran antes y en parte, algunos presidentes en el primer tercio del siglo XX, contribuyendo al Crac del 29; o Ronald Reagan durante su mandato 1980-88, secundado en menor medida por Bill Clinton; y más tarde y de manera desbocada por George Bush tras el ataque del 11S, con el desenlace de una crisis financiera sin precedentes. No es extraordinario que la bolsa de Wall Street haya aplaudido las plusvalías catapultada por las subidas de los bancos, entusiasmados con la perspectiva de volver a hacer casi cuanto quieran sin que nadie le toque las narices.

  Siendo todo de pronóstico reservado, y ya se verá si con consecuencias funestas para la renqueante economía europea, lo que más debiera de atemorizarnos es una nueva espiral de guerras. Una de las principales industrias de USA es la armamentística. Desde la perspectiva del lucro y el desarrollo militar, al País puede convenirle un nuevo estado de beligerancia. Yo espero y deseo que esto no sea así. De triste recuerdo y consecuencias que aùn hoy pagamos, son las intervenciones en Afganistán y particularmente en Irak. Pero el Comandante en Jefe de las fuerzas armadas es el señor Donald Trump, y su carácter irascible -perdón por reiterarme-, así que yo no descarto que la chispa se encienda a resultas del lanzamiento de un misil en Irán, una prueba nuclear subterránea en Corea del Norte o unas maniobras militares rusas cerca del estrecho de Bering (esto es más hipotético, pero en ocasiones conviene distender el ambiente), o cualquier otro atisbo de testiculina desbocada, que puede encender la mecha, la excusa perfecta para dar nueva carta de naturaleza a los fanáticos que se reagrupan y sobreviven como nadie en medio del caos.

  De momento el presidente Trump le ha pedido al nuestro, que doble el presupuesto de defensa, pasando de los casi 8.000 millones de € actuales a los 16.000. Supongo que nuestro presidente le habrá advertido que la UE nos marca de cerca sin que podamos sobrepasar el déficit, y que tiene millones de compatriotas que lo están pasando mal, esperando ayuda como agua de mayo. Pero eso es harina de otro costal. La conclusión es que el sr. Trump va avanzando a los aliados europeos sus intenciones de rebajar su aportación a la OTAN, y no para ahorrar, por el contrario su propósito es incrementar sustancialmente el presupuesto en defensa ¿para qué será entonces?

  Confiemos en que no haya más duelos a muerte, otra vez no, por favor,  pero si termina habiéndolos, solo nos quedará por descubrir quién será el más rápido en desenfundar, ¿acaso el sr. Trump?

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