jueves, 23 de febrero de 2017

A Dios rogando...

  ... Y con el mazo dando. No, no me estoy refiriendo a políticos patrios, declarados católicos como los sres. Fernández Díaz o Trillo, no; hablo nada menos que de la Comisión Europea, repitiendo lo argumentado, una vez sí y otra también, por sus colegas del FMI, o sea: la vulnerabilidad de la economía española enfrentada a coyunturas adversas, como el incremento del precio del petróleo, subida del IPC, o la finalización (algún día se llevará a cabo) de la política ultraexpansiva por parte del BCE, con la consiguiente subida del precio del dinero y/o dar por terminada la compra de un buen pellizco de nuestra deuda, lo que conllevaría el aumento de la prima de riesgo, quién sabe si al nivel desenfrenado de los años más duros de la crisis. Por si los argumentos esgrimidos desde la autoridad de Bruselas no fueran preocupantes, añade lo que ya sabíamos pero admitimos resignados como inevitable: que en torno a un 30% de nuestros compatriotas están en riesgo de exclusión social, un 13,1 % de quienes trabajan son pobres, o que España sea uno de los países de la UE con más desigualdad; y añade, aquí viene lo bueno, el excesivo uso de los contratos temporales que afecta a la pujanza económica, ahondando en esa referida vulnerabilidad. Sin embargo, admite que la Reforma Laboral del 2012 ayudó a que no se hubieran destruido 400.000 puestos de trabajo; vamos: que da la de cal y la de arena.

  La Comisión Europea no deja de afearnos nuestra incapacidad para reducir la deuda pública que se mantiene en niveles inasumibles, muy capaces de dar al traste con la recuperación económica ante cualquier adversidad. No obstante, parece mostrar ceguera al no percatarse de que, justamente la Reforma Laboral -aún reclama más reformas para flexibilizar un poco más el mercado laboral- fomenta la contratación en precario, con bajos salarios que vienen a añadirse a la estacionalidad endémica de muchos sectores productivos, ahondando así en la economía sumergida que no cotiza a la Seguridad Social; favoreciendo, esta, y los bajos salarios  que si cotizan, las escasas expectativas de poder cubrir las necesidades mínimas con decoro: sanidad, educación, dependencia y pensiones. A España se le ha marcado el camino para ser competitivos y salvar la macroeconomía, y el camino es el de reducir los costes laborales para facilitar la exportación (un poco al estilo chino pero bajo el paraguas de la UE), sin ningún valor añadido. Por tanto, será complicadísimo bajar la deuda nacional y mantener sostenible el régimen de pensiones.

  Para remate, en la esfera de la corrupción dice: "A pesar del aumento de las investigaciones no se han puesto en marcha estrategias preventivas", lo que contradice ese supuesto empeño del PP por atajarla. Continúa: "Los cambios legislativos de 2015, además, limitan temporalmente las investigaciones y podrían provocar impunidad en los casos más complejos de corrupción". Aquí se refiere a la Ley de Enjuiciamiento Criminal que limita el periodo de investigación a 6 meses, prorrogables a 18 en algunos casos.

  España es hoy -es mi opinión muy particular y por tanto discutible-, un país más vulnerable que al inicio de la crisis; y si no lo fuera, creo que lo seríamos una buena parte de los españoles de producirse una nueva recesión económica. Y por si no fueran suficientes los motivos para la preocupación, a estos se añade un irrespirable tufo de corrupción que amenaza con laminar el crédito de cada una de las instituciones del Estado. España hiede a podredumbre (también a hartazgo) de Norte a Sur y de Este a Oeste, sin que el Gobierno tome cartas en el asunto de verdad ni asuma su responsabilidad política,  y con los partidos de la Oposición inoperantes, invalidados para tal menester, por estar más preocupados en tirarse unos a otros los trastos a la cabeza, que por centrarse en su papel y solicitar al Ejecutivo su rendimiento de cuentas. Mientras, las autoridades europeas y los gerifaltes del FMI, ruegan a Dios, perdón, quise decir a la Macroeconomía, indulgencias plenarias, golpeaando a un tiempo con el mazo, sin compasión, sobre la Microeconomía, la que de verdad afecta a los ciudadanos.

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