Todos somos entes políticos. Nuestras acciones tienen cierta carga ideológica aunque no reparemos en ello. Los políticos deben de preservar el bien común y corregir en lo posible las tendencias contrarias, y sus representados tenemos la obligación de velar, de vigilar siempre sus decisiones, sobre todo aquellas que vulneran la cohesión de la sociedad. Nadie es apolítico, otra cosa bien distinta es no participar activamente en política. Conviene tener los ojos bien abiertos.
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martes, 28 de enero de 2020
lunes, 3 de junio de 2019
Yo acuso
Cuando se produjo la catástrofe del 11S en 2001, George W. Bush y su grupo más cercano de asesores económicos, decidieron que se había acabado el tiempo de la espera y que era el momento, no solo de combatir al maligno procedente de países remotos situados en Asia, sino de abrir la puerta de par en par a la desregulación financiera que en su momento iniciara Ronald Reagan, a la par que el liberalismo más desenfrenado comandaba UK de la mano de Margaret Thatcher. Con esa acción, Bush hijo pretendía un nuevo impulso económico sin trabas de ningún tipo para que los bancos carburaran a todo trapo y con ellos la economía de EE.UU. Lo que vino 7 años más tarde fue una crisis brutal cuyo punto de partida oficial fue la quiebra de Lehman Brothers, algo que sacudió los cimientos financieros y económicos de todo un mundo globalizado.
El actual presidente trató en los primeros meses de 2018 de reeditar una desregulación financiera, dando al traste con las maniobras de su predecesor Obama, que, como muchos años antes había hecho Roosevelt tras el Crack del 29, trató de atajar los desmanes y desvaríos de las entidades crediticias. Afortunadamente, aquella vuelta de tuerca ultraliberal fue frenada en buena parte por el Congreso, que no estaba dispuesto a jugar de nuevo con el fuego de la avaricia.
No hay que olvidar el lema de campaña de Trump: Make America Great Again, aunque yo añadiría que en la máxima debían de ir incluidas sus muchas empresas. Apuntando a la pérdida paulatina de influencia de USA en el contexto de la geopolítica internacional, el neoyorquino ha decidido reeditar aquellos años de la Guerra Fría, compartiendo protagonismo únicamente con la desaparecida URSS -algo a lo que no hace ascos Putin-, sin darse cuenta, ni tampoco su grupo de halcones, de que el mundo de hoy nada tiene que ver con el de hace 30 años, sin ser consciente de que estamos en un mundo globalizado, y sin reflexionar en cuanto a sus medidas económicas que, no solo van en detrimento de la estabilidad y certidumbre económica del planeta, sino que tarde o temprano se pueden volver en su contra, algo que parece confirmarse con las subvenciones de ahora mismo por valor de 16.000 millones de dólares a agricultores, los cuales empiezan a padecer los resultados de sus guerras comerciales con medio mundo. Pan para hoy y hambre para mañana.
Hay varios economistas de prestigio que vaticinan una crisis económica global a partir de 2020 si el escenario actual no cambia. En mi opinión, tanto el Brexit, el desafío de la Italia en recesión, los populismos de Polonia o Hungría, las crisis económicas de Argentina o Turquía, sin olvidar los conflictos sirio, venezolano, israelí-palestino o yemeni, son peccata minuta al lado de las guerras comerciales y político-militares que Trump está empeñado en comandar hasta sus últimas consecuencias. Una pista muy evidente nos la está dando el mercado bursátil, termómetro sensible al desasosiego y que suele anticipar estados recesivos y/o crisis agudas.
Trump está dispuesto a recuperar a todo trance el prestigio de antaño, y ha decidido que China es un enemigo capital para sus intereses y también Japón, sin pararse a pensar que entre ambos países atesoran más del 30% en bonos de la deuda americana. La insensatez de disparar a cualquier obstáculo para "su bienestar" alcanza a nuestra UE, a su vecina Canadá y ahora a la pobre y vapuleada México. El resultado final es una incógnita, aunque nos podemos temer lo peor.
La irresponsabilidad de Trump no se para ahí, ya que quiere dibujar un mapa geoestratégico con preponderancia para su país, dejando atrás el multilateralismo del que hizo gala su predecesor en la Casa Blanca. Así que la beligerancia, la renuncia al entendimiento y a los acuerdos, se plasma en su confrontación con Corea del Norte, Irán, renegando al tiempo de la política de acercamiento con la vecina Cuba, con lo cual propiciará que la isla caribeña se vuelva a cerrar y se frenen sus avances aún muy tímidos hacia la democracia, o la incógnita de si intervendrá militarmente en Venezuela. Y de añadido está el espaldarazo sin ambages a la política de limpieza étnica perpetrada por Israel contra Palestina, incluyendo el reconocimiento de Jerusalén como capital del estado judío, avivando por enésima vez el avispero de Oriente Próximo.
Por todo ello yo acuso a Donald Trump de ser ahora mismo el mayor riesgo para nuestro planeta Tierra, y ahí deberíamos de mentar otra de sus ligerezas, cual es la de haberse salido del Acuerdo de París y de mofarse del cambio climático. Un riesgo en toda regla que debería de hacer reflexionar a sus compatriotas, pero también a quienes aún mantienen cierta influencia en la toma de decisiones a nivel global.
jueves, 23 de febrero de 2017
A Dios rogando...
... Y con el mazo dando. No, no me estoy refiriendo a políticos patrios, declarados católicos como los sres. Fernández Díaz o Trillo, no; hablo nada menos que de la Comisión Europea, repitiendo lo argumentado, una vez sí y otra también, por sus colegas del FMI, o sea: la vulnerabilidad de la economía española enfrentada a coyunturas adversas, como el incremento del precio del petróleo, subida del IPC, o la finalización (algún día se llevará a cabo) de la política ultraexpansiva por parte del BCE, con la consiguiente subida del precio del dinero y/o dar por terminada la compra de un buen pellizco de nuestra deuda, lo que conllevaría el aumento de la prima de riesgo, quién sabe si al nivel desenfrenado de los años más duros de la crisis. Por si los argumentos esgrimidos desde la autoridad de Bruselas no fueran preocupantes, añade lo que ya sabíamos pero admitimos resignados como inevitable: que en torno a un 30% de nuestros compatriotas están en riesgo de exclusión social, un 13,1 % de quienes trabajan son pobres, o que España sea uno de los países de la UE con más desigualdad; y añade, aquí viene lo bueno, el excesivo uso de los contratos temporales que afecta a la pujanza económica, ahondando en esa referida vulnerabilidad. Sin embargo, admite que la Reforma Laboral del 2012 ayudó a que no se hubieran destruido 400.000 puestos de trabajo; vamos: que da la de cal y la de arena.
La Comisión Europea no deja de afearnos nuestra incapacidad para reducir la deuda pública que se mantiene en niveles inasumibles, muy capaces de dar al traste con la recuperación económica ante cualquier adversidad. No obstante, parece mostrar ceguera al no percatarse de que, justamente la Reforma Laboral -aún reclama más reformas para flexibilizar un poco más el mercado laboral- fomenta la contratación en precario, con bajos salarios que vienen a añadirse a la estacionalidad endémica de muchos sectores productivos, ahondando así en la economía sumergida que no cotiza a la Seguridad Social; favoreciendo, esta, y los bajos salarios que si cotizan, las escasas expectativas de poder cubrir las necesidades mínimas con decoro: sanidad, educación, dependencia y pensiones. A España se le ha marcado el camino para ser competitivos y salvar la macroeconomía, y el camino es el de reducir los costes laborales para facilitar la exportación (un poco al estilo chino pero bajo el paraguas de la UE), sin ningún valor añadido. Por tanto, será complicadísimo bajar la deuda nacional y mantener sostenible el régimen de pensiones.
Para remate, en la esfera de la corrupción dice: "A pesar del aumento de las investigaciones no se han puesto en marcha estrategias preventivas", lo que contradice ese supuesto empeño del PP por atajarla. Continúa: "Los cambios legislativos de 2015, además, limitan temporalmente las investigaciones y podrían provocar impunidad en los casos más complejos de corrupción". Aquí se refiere a la Ley de Enjuiciamiento Criminal que limita el periodo de investigación a 6 meses, prorrogables a 18 en algunos casos.
España es hoy -es mi opinión muy particular y por tanto discutible-, un país más vulnerable que al inicio de la crisis; y si no lo fuera, creo que lo seríamos una buena parte de los españoles de producirse una nueva recesión económica. Y por si no fueran suficientes los motivos para la preocupación, a estos se añade un irrespirable tufo de corrupción que amenaza con laminar el crédito de cada una de las instituciones del Estado. España hiede a podredumbre (también a hartazgo) de Norte a Sur y de Este a Oeste, sin que el Gobierno tome cartas en el asunto de verdad ni asuma su responsabilidad política, y con los partidos de la Oposición inoperantes, invalidados para tal menester, por estar más preocupados en tirarse unos a otros los trastos a la cabeza, que por centrarse en su papel y solicitar al Ejecutivo su rendimiento de cuentas. Mientras, las autoridades europeas y los gerifaltes del FMI, ruegan a Dios, perdón, quise decir a la Macroeconomía, indulgencias plenarias, golpeaando a un tiempo con el mazo, sin compasión, sobre la Microeconomía, la que de verdad afecta a los ciudadanos.
martes, 14 de febrero de 2017
Otra vez
Si tratáramos de buscar el papel más idóneo en una película para el presidente Trump, creo que habría casi unanimidad reservándole el de pistolero más rápido del viejo Oeste. Pido perdón a quienes se puedan sentir ofendidos si me he excedido en el sarcasmo, pero el personaje me supera y prefiero dejar a un lado la decena de calificativos que adornan su quehacer diario y describirlo de un brochazo, o mejor decir, pincelada, que queda más fino.
Todavía no lleva un mes en el cargo y empieza a poner patas arriba todo el engranaje de la nación más poderosa del Planeta, una nación de naciones (o si se prefiere estados) que durante muchos años ha sido referente de las democracias occidentales y espacio inmenso de oportunidades donde han convivido, con mayor o menor armonía, anglosajones, afroamericanos, latinos, aborígenes, asiáticos o irlandeses.
Nada más tomar posesión del cargo firmó la derogación del Obamacare sanitario. Después se han ido precipitando los acontecimientos: próxima construcción del muro fronterizo con México, la prohibición para entrar en USA de nativos procedentes de 7 países islámicos (curiosamente no estaban vetados los de Arabia Saudí), constantes enfrentamientos con el estamento judicial y la amenaza de cambiar las leyes para aminorar la autoridad del tercer poder, vetos y encontronazos permanentes con la prensa, desencuentros con un amplio sector femenino, indisimulados enfrentamientos verbales con presidentes o primeros ministros de otras naciones, como el de Australia. En la vorágine de su papel presidencial, y que tal vez haya pasado desapercibido para la ciudadanía por otros asuntos más llamativos, siendo de una trascendencia suprema -ojalá me equivoque-, son los primeros pasos en la enésima desregulación del sistema financiero, como hicieran antes y en parte, algunos presidentes en el primer tercio del siglo XX, contribuyendo al Crac del 29; o Ronald Reagan durante su mandato 1980-88, secundado en menor medida por Bill Clinton; y más tarde y de manera desbocada por George Bush tras el ataque del 11S, con el desenlace de una crisis financiera sin precedentes. No es extraordinario que la bolsa de Wall Street haya aplaudido las plusvalías catapultada por las subidas de los bancos, entusiasmados con la perspectiva de volver a hacer casi cuanto quieran sin que nadie le toque las narices.
Siendo todo de pronóstico reservado, y ya se verá si con consecuencias funestas para la renqueante economía europea, lo que más debiera de atemorizarnos es una nueva espiral de guerras. Una de las principales industrias de USA es la armamentística. Desde la perspectiva del lucro y el desarrollo militar, al País puede convenirle un nuevo estado de beligerancia. Yo espero y deseo que esto no sea así. De triste recuerdo y consecuencias que aùn hoy pagamos, son las intervenciones en Afganistán y particularmente en Irak. Pero el Comandante en Jefe de las fuerzas armadas es el señor Donald Trump, y su carácter irascible -perdón por reiterarme-, así que yo no descarto que la chispa se encienda a resultas del lanzamiento de un misil en Irán, una prueba nuclear subterránea en Corea del Norte o unas maniobras militares rusas cerca del estrecho de Bering (esto es más hipotético, pero en ocasiones conviene distender el ambiente), o cualquier otro atisbo de testiculina desbocada, que puede encender la mecha, la excusa perfecta para dar nueva carta de naturaleza a los fanáticos que se reagrupan y sobreviven como nadie en medio del caos.
De momento el presidente Trump le ha pedido al nuestro, que doble el presupuesto de defensa, pasando de los casi 8.000 millones de € actuales a los 16.000. Supongo que nuestro presidente le habrá advertido que la UE nos marca de cerca sin que podamos sobrepasar el déficit, y que tiene millones de compatriotas que lo están pasando mal, esperando ayuda como agua de mayo. Pero eso es harina de otro costal. La conclusión es que el sr. Trump va avanzando a los aliados europeos sus intenciones de rebajar su aportación a la OTAN, y no para ahorrar, por el contrario su propósito es incrementar sustancialmente el presupuesto en defensa ¿para qué será entonces?
Confiemos en que no haya más duelos a muerte, otra vez no, por favor, pero si termina habiéndolos, solo nos quedará por descubrir quién será el más rápido en desenfundar, ¿acaso el sr. Trump?
viernes, 3 de febrero de 2017
La carcoma, el miedo...
(3 de febrero de 2017)
Decía Antonio Escohotado que "el conformismo es la forma moderna del pesimismo"; si bien, algunos años antes de Jesucristo, el mismo Cicerón decía: "la costumbre de decir sí me parece peligrosa y resbaladiza". Frases del tenor de "el hábito hace al monje", "el hombre es un animal de costumbres" o "hay que conformarse con lo que venga", me parecen a mí incompatibles con la condición de seres humanos libres que asumimos desde nuestro nacimiento. El conformismo va en contra del afán de superación, alienta las injusticias y colabora definitivamente en el amodorramiento, primero de la sociedad, y a continuación de las naciones.
Cuando optamos por el silencio en lugar del compromiso, decidimos decir sí a todo y tragamos con carros y carretas, no hacemos otra cosa que afianzar la perpetuación y la capacidad de influencia por parte de personas que no se lo merecen y hasta pueden resultar nocivas, -sean políticos, famosos, empresarios o de cualquier otra condición- en el poder, en el mundo de la televisión, del dinero o de cualquier otra índole.
El conformismo ya está aquí y destruye como la carcoma. Nos conformamos con lo que tenemos. Por ejemplo con nuestro planeta, condenado a la muerte si no se remedia antes, por el poder depredador y contaminante de las empresas petroleras, capaces de influir hasta el extremo de arrinconar a las energías renovables, aunque todos terminemos sucumbiendo al cáncer. Admitimos con naturalidad los paraísos fiscales como algo inevitable, aunque quienes se aprovechan estén hurtándonos una buena parte del porvenir. Y nos conformamos con tener un país de personas mayores, cada vez con menos población, en el cual los jóvenes lo tienen muy difícil para emanciparse o formar una familia, entre otras cosas porque la reforma laboral de 2012 los condena a la incertidumbre y en muchos casos al ostracismo. Asumimos que España tenga más de 14 millones de ciudadanos en riesgo de exclusión social, o que 3 millones de niños no tengan suficiente alimento para llevarse a la boca, aceptando sin más que España sea el segundo país de Europa donde más ha crecido la desigualdad. Y apenas clamamos ante injusticias como la de Madrid, donde se comerció con viviendas de protección oficial para venderlas a un fondo buitre, o que en Castilla La Mancha, no hace tantos años, la presidenta de entonces estuviera dispuesta a vender dos hospitales para pagar la deuda de la Comunidad. Incluso que ni nos inmutemos ante la cicatería del gobierno central para financiar el fármaco Sovaldi a los afectados por la hepatitis C. Ya ni siquiera hacemos caso a las puertas giratorias que siguen tan bien engrasadas desde hace años, sin llamarnos la atención el último beneficiario, el ex director de la Guardia Civil y mucho antes jardinero, el sr. Fernández de Mesa. Tampoco nos importa gran cosa el feo asunto de

la corrupción campando a sus anchas, carcomiendo poco a poco la credibilidad de las instituciones, incluida la Corona (todos son iguales, solemos decir), así que volvemos a votar (incluso muchos admiten que con la nariz tapada) a los mismos corruptos o a quienes la han consentido, de manera que poco importan unos SMSs vergonzantes de un presidente, los millones del fraude de los ERES, la corrupción sistemática en Valencia, Madrid o Cataluña, o las campañas electorales financiadas con dinero negro o dopadas, que se diría en deporte; y es porque el miedo está ahí, nos atenaza; el miedo es libre. Tenemos pavor al cambio, cuando lo más saludable es que las corruptelas se depuren en la oposición, como está ocurriendo en Valencia, algo que difícilmente, al menos en lo que atañe al esclarecimiento completo de los hechos delictivos, va a ocurrir en Andalucía, Madrid, Cataluña y por supuesto, a nivel nacional (no podemos olvidar que España, o "la Marca España", que dicen desde el Ejecutivo, se situó en enero de 2017 en su peor resultado histórico en cuanto a corrupción, ocupando el puesto 21 entre 32 países de Europa, justo por detrás de Eslovenia y Lituania, y en el 41 a nivel global, quedando situada entre Costa Rica y Brunei), ya que la capacidad para mover los resortes desde el poder se multiplican, teniendo opción de esconder y/o destruir pruebas).
Nos conformamos con cuanto de malo y trágico les sucede a los refugiados que huyen de sus países, algo que haríamos nosotros de vivir en España si las condiciones fueran parecidas a las suyas. Asumimos sin rechistar que el mercado laboral es el que es; o el cumplimiento del déficit anual para preservar la macroeconomía y nuestra moneda única, a pesar del sufrimiento de los ciudadanos del Sur. Ni siquiera se nos ocurre la posibilidad de debatir en cuanto a un cambio sustancial del modelo productivo, si queremos que España se embarque al fin en una economía diversa y sostenible en el tiempo, de donde se destierren al fin las palabras estacionalidad y precario, buscando en todo momento el valor añadido.
Vivir en el conformismo me parece a mí la forma más perfecta de empobrecimiento. Si no nos atrevemos, habremos contribuido de manera definitiva al anquilosamiento de la actual sociedad. Vivir atenazados por la parálisis, sin duda favorecerá el resurgir de la intransigencia y quién sabe -espero que no- de los autoritarismos disfrazados de populistas. Aunque ahí está el vencedor sr. Trump para desmentirme, y quién sabe si la sra. Le Pen en Francia, o la extrema derecha en Alemania para más adelante, cuando se celebren elecciones en esos países.
lunes, 23 de enero de 2017
La lenta agonía de la Socialdemocracia
Hay dos cosas que el sr. Rajoy en una de las últimas sesiones de su investidura, les espetó sin brusquedad a los socialistas, y que son ¡verdades como puños! La primera que España tiene compromisos (económicos) ineludibles con Europa, y la segunda, y más sangrante para los auténticos socialistas, la de que sintiéndolo mucho, los populares y ellos se parecen mucho más de lo que la "izquierda democrática y constitucional" piensa. Una bofetada en todo el ego cuando se traiciona la identidad.
El pasado 1 de octubre, de manera abrupta y poco edificante, se ponía fin al mandato del sr. Sánchez al frente de la secretaría general de los socialistas españoles. Aunque a primera vista el bochornoso espectáculo pudiera reflejar únicamente las luchas particulares por hacerse con el poder -que las había, hay y habrá, obviamente-, tras la lucha sin cuartel y a viva voz, se soterra la disputa o rearme ideológico que en la Socialdemocracia se ha ido desdibujando lentamente desde comienzos de los 80 del pasado siglo, y con acelerón al iniciarse el nuevo milenio (era Bush tras el 11M). Y para muestra, ahí están el presidente Hollande, o su lagarteniente Manuel Valls en Francia, ejemplos sintomáticos de cómo a través de un supuesto socialismo, se pueden hacer políticas económicas de corte liberal o proeuropeo (ver reforma laboral, o la tan cacareada subida de impuestos a las grandes fortunas que finalmente no se abordó). En román paladino eso se llama traicionar los ideales de quien sí se siente socialista a jornada completa, y una derrota contundente a manos de la derecha y/o la extrema derecha (eso queda por dilucidar) en los próximos comicios del país galo, y con ello de un nuevo descrédito para quienes aún creen en su utilidad; algo que se va a repetir en Alemania, donde la gran coalición, ese maridaje entre liberales y socialdemócratas de tercera vía, pasará factura a estos últimos.
El gran momento de la Socialdemocracia empieza al finalizar la Segunda Guerra Mundial, prolongándose durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX. Abandona cualquier atadura con el Marxismo (el PSOE no rompe hasta los años 70), asume el libre mercado y la propiedad privada, empeñándose en la reconstrucción de Europa tras el drama de la guerra, poniendo en práctica sus señas de identidad: libertad, justicia, igualdad y progreso. Figuras esenciales en el Viejo Continente, como Brandt en la RFA, Palme en Suecia, el controvertido Mitterrand (conservador en sus años mozos) en Francia, o incluso el sr. González de la primera época en España (1982-1989), tienen su razón de ser a partir de un socialismo democrático en el que el ciudadano es la prioridad. Con luces y sombras, como ocurre con cualquier mandatario, se mantienen fieles a su ideario, así que los votantes les dan su confianza, a veces en dos o incluso tres elecciones consecutivas. Pero el tiempo de vino y rosas llegaría a su fin.
Los mandatos de Thatcher en UK y de Reagan en USA al inicio de los 80, suponen un cambio drástico en la forma de entender la política y una revisión a fondo del liberalismo, algo que cala en el resto de países democráticos, y seguramente influyó decisoriamente en la arquitectura a seguir para la construcción de lo que hoy conocemos como UE, por la aquiescencia de los socialistas con los conservadores. A partir de entonces y con todos los matices que se quiera, los socialistas europeos giran hacia la moda imperante, asimiento parte de los postulados de la nueva política económica, o sea: desregulación del mercado, adelgazamiento del Estado, avance de la economía financiera fuera del control de los organismos estatales, el ostracismo, o si se prefiere ninguneo de las fuerzas sindicales hasta domesticarlas, y situar al ciudadano en un segundo plano, porque "el liberalismo económico" (el otro, el del ser humano, es una entelequia en manos de los conservadores), permite a través de su extrema libertad, prosperar a cualquier individuo, dejando en la cuneta, eso sí, a quien no sea capaz de hacerlo por sí mismo, de ahí que se pretenda hacer al Estado algo así como un ente ajeno y chiquitín. Obnubilados tal vez por el éxito arrollador de la dama de hierro y el antiguo actor, creyendo en la inocuidad de los nuevos postulados imperantes, socialistas de nuevo cuño como Tony Blair y más tarde Gordon Brown en UK, Gerhard Schöeder en Alemania, el italiano Matteo Renzi, aunque se trate más bien
de un político de centro; o el Sr. Rodríguez Zapatero en España, se acogen a lo que se ha venido en llamar tercera vía, un socialismo light que abraza sin el mínimo rubor las máximas del pensamiento económico neoliberal. Sin, es cierto, que jamás dejen completamente de lado la problemática social, aunque dando la de cal y la de arena a partes iguales. Un claro ejemplo de ello es el mandato del leonés, llevando a la práctica idénticas políticas económicas que su predecesor el Sr. Aznar, incluso yendo más allá al bajar el impuesto de sociedades -no es extraño que hoy las grandes empresas paguen menos impuestos por sus beneficios que un ciudadano de clase media por su IRPF-, dar continuidad a la burbuja inmobiliaria sin plantear al menos un debate alternativo en torno al imprescindible cambio de modelo productivo si no queremos que España se convierta en una nación de supervivientes, particularmente de aquellos que pertenecen a las generaciones más jóvenes, acometer una nueva reforma laboral infumable (aunque nada que ver su agresividad con la de febrero-2012), mantener y ahondar en la liberalización del sector eléctrico acometida por Aznar en 1997, con las consecuencias funestas que todos conocemos ahora; permitir las subidas de comisiones por parte de las entidades financieras, la creación de las preferentes, o la utilización de los fondos de sus clientes para especular, lo que es lo mismo: descontrol, desregulación o mirar para otro lado en asuntos bancarios. Y ahí queda la escasa sensibilidad para abordar el terrible drama de los desahucios, el beneplácito con los pudientes para "refugiarse" en las SICAVS, los indultos a personajes como el banquero Sr. Alfredo Sanz, o el nulo interés para poner coto al refugio de las puertas giratorias, sin olvidar que empujados por la UE fueron ellos, en connivencia con el PP, quienes modificaron casi en secreto el artículo 135 de la Constitución para dar razón de ser a los recortes. Aunque a cambio de tanta liberalidad con el establishment y/o los mercados financieros, el señor Zapatero sí se acordó de legalizar a más de un millón de emigrantes ilegales trabajando en negro (lo que hizo incrementar sustancialmente los ingresos de IRPF e IVA, y la caja de la Seguridad Social), subir el salario mínimo de los poco más de 400 a los más de 600 € en siete años largos, elevar las pensiones de manera significativa, o implantar la Ley de Dependencia, y en general de redistribuir los ingresos para mantener una cierta cohesión social. Claro que el abundante dinero recaudado vía impuestos, venía determinado por la distorsión positiva y transitoria que producía el boom inmobiliario, algo que no iba a durar toda la vida y que nadie quiso asumir. Así que, cuando se produce el mimetismo de una manera tan acusada en el negocio de la economía, si bien es cierto que con matices, los votantes de izquierda (habitualmente suelen ser muy exigentes) prefieren abstenerse o votar a partidos más escorados a la izquierda -no es extraño el nacimiento de Podemos para ocupar un espacio ideológico amplio, espacio descuidado por los socialistas, lo cual demuestra que un número importante de ciudadanos demanda verdaderas políticas de izquierda-, y los de centroderecha, menos proclives a la abstención, votan a los suyos. Además, ¿no elegirá si uno tuviera la oportunidad, de quedarse con Las Meninas antes que con su copia? La política económica de corte liberal, quien mejor la va a ejecutar, sin dudarlo, son los partidos que se mueven en su entorno ideológico, haciendo suyos los postulados del FMI, de la OCDE o de ese club elitista conocido como Foro de Davos.
El socialismo europeo del nuevo milenio cogobierna con los populares europeos, contribuyendo de manera vergonzante a convencer a los ciudadanos de que otra política económica es imposible, así que no es raro que hayan perdido consecutivamente las elecciones europeas de 1999, 2004, 2009 y 2014, y seguramente sean derrotados una vez más en las de 2019. El drama de la Socialdemocracia es que si alcanza el gobierno, de inmediato asume los requerimientos de los mercados -hoy son quienes realmente gobiernan en detrimento de la ciudadanía, desamparada por sus representantes- y mantiene, salvo pequeños matices, las políticas que satisfacen a la derecha, admitiendo el celebrado TINA (There is not alternative) acuñado en su momento por Thatcher en UK. Lo triste es que se hurta la oportunidad de elección y lo sano que es la alternancia de fuerzas, transmitiendo el mensaje de que no hay posibilidad de relevo, pues prefiere ser comparsa en Bruselas y tocar algo de poder, a plantear con atrevimiento y seriamente la confrontación a través de un rearme ideológico que les devuelva a posicionamientos donde lo social y lo obrero sean preponderantes, donde al individuo se le vuelva a poner en la cúspide. Cuando la Socialdemocracia hace dejación de sus obligaciones -puede parecer un contrasentido-, no hace otra cosa que favorecer el crecimiento de los populismos, los cuales, si terminan imponiéndose, pueden dar al traste con la UE. Una vez que a los ciudadanos afectados/desencantados por la terrible crisis que dura casi 10 años, ni les gusta la política de los conservadores, ni encuentran respuesta en la antaño cercana y sensible Socialdemocracia, pues navegan en la misma barca que aquellos, es hasta razonable que busquen remedio en fuerzas políticas que reivindican soluciones contundentes desde la Ultraderecha.
La mayor decepción de la Socialdemocracia ha sido su incapacidad absoluta para adaptarse al fenómeno de la globalización, la crisis industrial, el auge de la robótica, el cambio climático, las nuevas tecnologías o la crisis de los refugiados, renunciando a una visión auténtica desde la izquierda democrática para admitir sin complejos y hacer suyas las políticas diseñadas por la derecha económica, que admite con naturalidad las desigualdades crecientes, y que crezca año a año el número de millonarios pero también el de los pobres, o que todos los acuerdos sobre freno al cambio climático se vuelvan papeles mojados cuando se da prioridad a las empresas para que contaminen cómo, cuándo y dónde les plazca; sin olvidar problemas terribles como son el del envejecimiento/despoblación y la incapacidad de generar suficientes ingresos para pagar las pensiones (al menos en España, por su modelo productivo de temporalidad/estacionalidad difícil de mantener en el tiempo y expuesto a cualquier eventualidad, como una repentina caída del sector turístico).
La Socialdemocracia tiene la alternativa de volver a sus raíces adaptándose a un tiempo a los cambios acelerados de este milenio, o por el contrario asumir el cómodo papel de comparsa. Si opta por la primera, será una opción difícil y llena de penalidades, pero seguramente en el largo plazo tendrá su recompensa. Si elige la segunda, tal vez siga tocando poder, pero en algún momento terminará convirtiéndose en una fuerza residual, como lo es hoy el PASOK griego. En sus manos está el afear las manifestaciones irreprochables de nuestro presidente o por el contrario aceptarlas sin más. Del grado de proximidad, unión y compromiso con la ciudadanía dependerá un giro en las políticas económicas de la UE, como también el dejarse de parecer de una vez por todas a sus socios del centro-derecha. Lo contrario será apenas un grato recuerdo del pasado y de quienes pusieron en marcha y en mayor medida el estado de bienestar. Y no importa tanto (que también) quiénes sean los nuevos líderes de la izquierda sino qué políticas se vayan a llevar a cabo.
miércoles, 6 de abril de 2016
Tranquilos, no pasa nada.
El Global Age Watch Index coloca a Panamá como el mejor país para vivir en Latinoamérica si tienes más de 60 años. Y digo yo que mucha culpa del mérito debe de estar directamente relacionado con la existencia del Canal. ¿O tal vez se deba a la facilidad para constituir una sociedad offshore si cuentas con unos milloncejos de euros? Se ve que el florecimiento de la firma Mossack Fonseca va ligado a ese limbo consistente en inventarte una compañía, consorcio, empresa o sabe Dios qué, que no realiza ninguna actividad económica (en Panamá), porque su fin no es otro que esconder patrimonio y millones de las grandes fortunas, gracias y mil gracias a la desregulación y escaso control de las autoridades políticas, que, bajo la máxima de, cuanta más libertad haya para (el dinero), mucho mejor para todos (aunque en el fondo quieran decir, para algunos, o sea: para los más listos de la clase).
No obstante, que nadie se lleve ninguna sorpresa si van apareciendo muchos más Mossacks Fonsecas, los hay a patadas, y no solo en Panamá, también en otros muchos países, y algunos de ellos ubicados en la propia UE. No quiero decir que en Luxemburgo, Holanda, Irlanda o UK, por decir 4 ejemplos intencionadamente, funcionen a pleno rendimiento las sociedades offshore -aunque yo no pondría la mano en el fuego-, pero en su lugar hay otras formas de tratar con deferencia a los grandes capitales (laxitud fiscal, paraísos fiscales encubiertos o declarados, productos más que interesantes si la pasta es abundante).
Si alguien tiene por castigo un patrimonio de 10 millones de euros y Hacienda puede "robarle" casi la mitad, no hay problema, habla con algún fenómeno de la ingeniería financiera y por un módico precio tendrá a buen recaudo el fruto abundoso conquistado con el sudor de la frente. Es lo fantástico de este nuevo milenio, o sea, que los dirigentes políticos han apostado sin disimulo por el capitalismo liberalizado por completo, o desregulado, para que quienes sufren por sus dineros, al menos tengan las facilidades mayores para hacer más llevadero el quebradero de cabeza. Y es que hoy está tan imbricado el mundo empresarial, financiero y político, que a nuestros representantes les es materialmente imposible embridar al gran capital, por la sencilla razón de que ellos mismos forman parte de esa gran entente que les facilita grandes ventajas cuando son devueltos a la vida privada.
Conviene no olvidar que la actual crisis económica parte de las brutales desregulaciones/descontroles en USA a partir del 11S y que se inicia con la caída de Lehman Brothers. Tampoco conviene olvidar a algunos de los actores que por acción u omisión participaron en el desplome general de 2008, siendo ahora quienes gobiernan con políticas de austeridad extrema para preservar el capitalismo en su máxima expresión, o sea, el sr. De Guindos, antiguo representante en Europa de Lehman Brothers; el sr. Mario Draghi, antiguo integrante de Goldman Sachs que ayudó al gobierno conservador de Grecia a falsear sus cuentas; o el mismo sr. Rato, ex director gerente del FMI que veía una oportunidad única para España en el monocultivo del ladrillo y que con su gestión nefasta de Bankia precipitó el rescate de la banca española; sin olvidarnos del sr. Juncker, antiguo primer ministro de Luxemburgo (paraíso fiscal encubierto) y hoy al mando de la Comisión Europea.
Como el derrumbe de 2008, el Crack del 29 viene propiciado por lo mismo: desregulación total. Sin embargo, el presidente Roosevelt rectificó de inmediato, aplicando políticas expansivas y regulando, particularmente, el sector bancario. Así fue como USA salió de la crisis y se convirtió en la primera potencia mundial.
A los que estén preocupados por su peculio les diría que tranquilos, pues no va a pasar nada. Como ocurriera con las famosas escuchas de los espías americanos que levantaron tanta polvareda en su momento, quedando en nada porque todos los países (al menos los más avanzados) se espían entre ellos, este follón de los papeles panameños enseguida pasará a un segundo plano, pues no conviene a ninguna de las autoridades políticas airear más de la cuenta, no vaya a ser que alguien se convierta en Rita la cantaora y acabe como el rosario de la Aurora. Mejor quietos. Mejor una dimisión a tiempo, como la del primer ministro islandés, ya que le saldrá mucho más rentable mantener el capitalito a buen recaudo, aunque tenga que renunciar a la representación de su país. ¡Cuánto patriota de boquilla y pulseras con enseña, cuando su única patria es el dinero! Y esto vale también para los españoles.
Ahora hablando en serio, ¿todavía más en serio? Creo, y ojalá me equivoque, que si quienes pueden intervenir no lo hacen, tarde o temprano el capitalismo actual implosionará, si no es la misma sociedad quien termine dinamitando este sistema que hiede a putrefacto. Y digo yo, ¿cuándo la Socialdemocracia dejará de ir del brazo de conservadores/liberales para implementar las políticas que teóricamente les corresponde a unos postulados más acordes a la condición humana? El día que lo hagan empezarán a recuperar el prestigio y la credibilidad de antaño.
lunes, 28 de marzo de 2016
La vida no vale nada, a veces
Pablo Milanés lo decía en una de sus canciones más celebradas. Y es que según el territorio golpeado por el terrorismo, sus víctimas tendrán más valor o ninguno. Los 35 muertos de Bélgica tienen mucha más trascendencia y peso que los 72, (17 de ellos niños) hace unas horas en Pakistán. Así que la vida de estas 72 víctimas no vale absolutamente nada en la conciencia de Occidente, por la sencilla razón de que los medios de comunicación hablados y escritos así lo quieren y a la población no le preocupa. Tampoco conmocionaron en Europa los 125 alumnos asesinados en aquel mismo país en 2014 por los más extremistas del Islam. ¿Y si aquel atentado se hubiera perpetrado en Viena, por ejemplo? Entonces se hubieran vertido ríos de tinta en torno a la masacre y redactado toneladas de artículos a fin de aconsejar la mejor manera de combatir el fanatismo y prevenirlo en venideros años. Pero cuanto ocurre fuera del Viejo Continente nos la trae al pairo. El estado de los tiempos presentes no es otro que el de la indiferencia social.
Claro que mucha de esa indiferencia tiene bastante que ver con el egoísmo, con la individualidad; pero por encima de todo con el nacionalismo. ¡Que levante la mano quien no lo sea! Todos somos nacionalistas, ¡todos!, aunque muchos renieguen de esa condición. Las banderas, los himnos, los límites geográficos, los idiomas, las razas, las creencias, no hacen otra cosa que afianzar la máxima de las divisiones en la superficie de un planeta tan ridículo en tamaño como una canica, y sin parar de dar vueltas alrededor de una estrella relativamente pequeña. Pero al propio tiempo proclamamos la máxima de la globalización, lo cual es un contrasentido colosal.
Una mayoría nos sentimos españoles por encima de todo. En determinadas zonas de España, algunos de sus habitantes se consideran catalanes, o vascos, incluso gallegos por delante de otras opciones. En Castilla y León una gran mayoría se siente de ese extenso territorio, pero muchos ciudadanos de León se creen leoneses y punto. En El Bierzo muchos se proclaman bercianos por encima de leoneses. Otros incluso se sienten gallegos. Algunos de mis vecinos y yo nos consideramos villafranquinos, y sin embargo, un buen puñado se sentirán más vinculados con León o incluso Valdeorras que con Ponferrada. En Villafranca muchos paisanos estarán orgullosos de vivir en La calle de Arén, o tener su cuna en la Calle del Agua, ignorando a los habitantes del Otro Lado o La Cábila, mientras algunos de estos moradores mirarán con ojos desconfiados a los de más allá del Río Burbia.
El atentado en un parque de la ciudad de Lahore, ocupado a esas horas por muchos niños y padres, lo cual lo hace más execrable, y que buscaba hacer daño al grupo de cristianos (10 muertos, aunque los otros 62 también eran seres humanos, ¡dichosos distingos!), hubiera sido terrible en el corazón de Europa, y más de haber ocurrido en España, aunque seguro no hubiera tenido la misma repercusión de producirse en Madrid, en la Puerta del Sol, por decir un lugar, a perpetrarse en Carrión de los Condes; como tampoco sería lo mismo en Ponferrada que en Villafranca, ni hubiera tenido la misma intensidad condenatoria si un hipotético artefacto hubiera explosionado en plena Plaza Mayor o en la calle del Mazo. Y perdón por utilizar los nombres reales con toda alegría, es lo que tiene ser nacionalista.
jueves, 10 de marzo de 2016
VERGONZANTE
"Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros". La frase corresponde al inolvidable Groucho Marx, y bien puede aplicarse a nuestra decadente UE, una nueva especie de sociedad mercantil con derecho de admisión. Los países que integran la Unión han llegado a un acuerdo con las autoridades de Ankara para expulsar, o si se prefiere, reubicar, a todos los migrantes en Turquía, a cambio de un suplemento de 3 mil millones de euros y a estrechar lazos para su integración, apelando a que es un país fiable y seguro. Da risa. De risa sino fuera porque Turquía es geoestratégicamente indispensable para la UE.
Hace unos meses los socios de la Unión llegaron al acuerdo de acoger en torno a 160000 refugiados según la capacidad de cada estado miembro. A día de hoy los beneficiados no llegan a 5000. Las leyes comunitarias y la Convención de Ginebra prohíben la expulsión colectiva. Acnur, Amnistía Internacional, el Consejo General de la Abogacía Española, Médicos sin Fronteras y otras ONGs, denuncian esta especie de privatización de la miseria, para que un país como Turquía gestione con el goloso dinero del Continente la deshumanización global. Los "bienintencionados" occidentales nos lavamos las manos y permanecemos calentitos y conmiserativos en nuestras casas, pues al fin otros se van a ocupar de esos desgraciados a un módico precio.
Lo que produce sonrojo es ver cómo el Grupo Socialista de la Eurocámara -a excepción del español- vota al alimón y por unanimidad junto al Grupo Popular. Decisiones como esta de desviar a los refugiados, son las que hacen que quienes son socialistas de corazón se vuelvan desafectos, de ahí el poco poder que hoy ostenta la izquierda moderada y que seguramente irá perdiendo con posturas como esta.
Los partidos de ámbito nacional: PSOE, Podemos, C´s y UP han reclamado al sr. Rajoy que acuda al Congreso para debatir sobre el asunto. Nuestro presidente en funciones alega que al estar en interinidad no tiene que rendir cuentas, y a cambio envía a un secretario de estado. Lamentable. El sr. Rajoy parece no ser consciente de que actitudes como su desplante ayudan un poquito más a que nadie quiera pactar con él.
lunes, 22 de febrero de 2016
God save the queen
Un amigo mallorquín me decía ayer que la UE se parece cada vez más a aquellos círculos recreativos de pueblo en pleno franquismo, donde sus socios más encumbrados mantenían ciertos privilegios vedados al resto, que eran la mayoría. En aquella sociedad de los años 50, quien realmente atesoraba dinero, era quien tosía cuándo y cómo quería, sin que nadie le tosiera encima al pudiente protagonista, no fuera a incomodarse y acabara en consecuencias impredecibles para el normal funcionamiento del club.
En 1951 Alemania y Francia crean la CECA, germen de lo que sería el MCE de 1957 y que planteaba la libre circulación a largo plazo de capitales, mercancías y trabajadores. Durante muchos años el Mercado Común Europeo no fue más que eso, un mercado. A lo largo de los años y más en concreto a partir de la firma del Acta Única de 1986, se plantea una ambiciosa profundización en lo concerniente a la libertad de trabajadores y capitales -más tarde se abordaría la prestación de servicios-, que concluye con la creación del euro, a pesar de que entre los países socios no se había logrado ninguna de las convergencias indispensables para dar fortaleza y estabilidad a la moneda única, es decir: fiscal, financiera y parcialmente la monetaria.
Los años que llevamos del nuevo milenio, y particularmente los que van desde el estallido de la crisis de 2007/08, solo han provocado retrocesos para los derechos de los ciudadanos, el pisoteo del espacio Shengen, además de que los socios más poderosos puedan flexibilizar algunas de sus obligaciones, como el déficit que Francia y Alemania tuvieron al inicio de la presente centuria, o que la misma Francia pida de nuevo más margen para corregir el déficit, porque está enfrascada en la lucha antiterrorista contra el EI, sin que nadie se atreva a llevarle la contraria. En el lado opuesto, ese donde no se permiten concesiones, están Portugal, España, Italia o Grecia, incapaces de tenerse en cuenta sus cuitas, pues son socios que apenas pintan nada -tal vez los azzurros enarbolen algo mejor el pincel-, ni tampoco tienen algo sugerente que ofrecer, mucho menos Grecia, un país fallido y que ha servido de cobaya para experimentar con las medidas de austeridad más groseras que han ahondado en la miseria e inviabilidad de sus ciudadanos, europeos por otra parte, como son los alemanes o los británicos.
UK que entró en el MCE en 1973, hace años que se debate en la encrucijada de salirse o no de la actual UE. Por suerte para ellos, mantuvieron la libra, algo que les da un margen de maniobra que otros países no tienen. UK ha sido a lo largo de los años la nota discordante de la UE, para muchos la oveja negra imposible de llevar al redil. Separada geográficamente del Continente, es una de las naciones, si no la principal, donde más abunda el euroescepticismo entre sus habitantes. Las autoridades vienen planteando cierta relajación en lo concerniente a uno de los 4 principios fundamentales de la UE, cual es el de la prestación de servicios y más concretamente en lo que afecta a la médula espinal de los derechos sociales para los ciudadanos europeos. Si bien es cierto que no de manera satisfactoria al 100%, pues esos derechos sociales se irán reduciendo, pero progresivamente, UK se ha salido con la suya porque sus socios tienen pánico al Brexit o a cuanto pudiera suceder en la UE sin un socio tan encumbrado. Llama la atención que nuestro presidente en funciones, el sr. Rajoy, tan defensor de la igualdad entre todas las autonomías patrias, no plantee la mínima objeción a algo tan discriminatorio y que supone un acontecimiento más en el retroceso de la UE, y con ello del bienestar de los ciudadanos para proteger una vez más al euro y la economía desatada que implementan conservadores y liberales con la connivencia vergonzante de la socialdemocracia.
Así que hoy, la UE se parece un poco más que ayer, pero menos que mañana, al antiguo MCE, un mercado dispuesto para lo que pueda venir, como el advenimiento del TTIP, una bicoca según los adalides del neoliberalismo, pero que siendo la panacea para todos los males económicos, se negocia en el más absoluto de los secretos, ¿por qué será? Algún día habrá que escribir en relación al tema.
Una vez más, y van, el pragmatismo del dinero se ha impuesto con creces a los muchos derechos de la población, avanzando la UE a marchas forzadas hacia la perversión en las prioridades, además del retraimiento de los derechos fundamentales de quienes hacemos de Europa algo tangible y no una entelequia imaginada por quienes nos mandan.
jueves, 11 de febrero de 2016
¿Desaceleración o Crisis?
Al comienzo del otoño pasado, unas pocas personas vinculadas a la economía mundial, insinuaban la probabilidad de un nuevo frenazo mundial a la expectativa de crecimiento. Con el comienzo del año, esas voces han crecido de forma exponencial. La mayoría afirma que solo se trata de una desaceleración, mientras unos pocos se inclinan a percibir otra recesión acusada. El millonario George Soros declaraba el mes pasado que el momento presente le recuerda mucho al estallido de la crisis en 2008. Por su parte, el profeta de los vaticinios económicos y millonario desde los 15 años, Martin Armstrong, avisa que ya toca el ciclo de una nueva crisis económica. Desde luego los augurios están ahí: tremendas caídas de las bolsas en todo el mundo -se suele decir que ellas anticipan el desastre-, una economía china que da muestras de debilidad -aunque según fuentes del propio país, este crece al 6,5 % anual-, además de transmitir desconfianza general en su porcentaje de crecimiento, pues en realidad no se sabe muy bien si existe ese vigor del que presume la potencia asiática, algo poco creíble a tenor del espectacular bajón en el consumo que vienen haciendo en los últimos meses de materias primas, entre ellas el petróleo, que propicia el abaratamiento radical del barril al no haber la demanda necesaria. Si a eso se añade el parón de las economías emergentes o las dudas razonables en cuanto a la fortaleza del sistema financiero, particularmente en Italia e incluso Alemania -incertidumbre y tremenda caída de su principal banco, el Deutsche Bank-, acaso tengan razón los más agoreros afirmando la existencia de una tormenta perfecta. Obviamente, como ocurriera en 2007, ninguna autoridad, léase FMI, Comisión Europea, la FED de USA, el Banco Central Europeo o las Agencias de Calificación, van a admitir un nuevo desmoronamiento de la economía mundial cuando muchos países, incluido el nuestro, no acabamos de salir del anterior; sería un golpe durísimo que tal vez precipitaría el acontecimiento del pánico.
A la caída de Lehman Brothers, Nicolas Sarkozy, entonces presidente de la República Francesa, en un acto de sinceridad, admitió la urgencia de refundar el capitalismo para que no volviera a ocurrir algo semejante. Las palabras se las llevó el viento, acaso por el empeño de quienes ciertamente dirigen la economía, no los políticos, faltaría más, pero sí los mercados -lobbies, grupos de presión, agencias calificadoras, entidades financieras, macroempresas, multimillonarios con influencia en el G-20-, para no tocar las narices donde no debía, algo por otra parte transmitido posteriormente al ¿socialdemócrata? Hollande, el que pretendía hacer una reforma fiscal para hacer pagar a quienes más tienen.
Si al final se confirman los peores vaticinios, en España empezaremos a buscar enloquecidos al responsable de marras, sin darnos cuenta que el culpable no es otro que el propio capitalismo -el fallecido profesor José Luis Sampedro afirmaba que el capital se volvió pernicioso cuando mudó en Capitalismo, como lo común al trocar en Comunismo- tal y como lo conocemos a día de hoy, con tremenda responsabilidad de muchos de los dirigentes que han consentido la intromisión y exigencias (de algo tan alejado y nocivo para la política) por parte del propio poder económico (desregulaciones mortíferas, paraísos fiscales, el visto bueno para la especulación sin escrúpulos, la connivencia de lo público con el mundo empresarial, fiscalidad laxa y todas las oportunidades para que las grandes corporaciones tributen ridiculeces con respecto a sus beneficios, etc). Si finalmente estamos abocados a una nueva crisis, Dios quiera que no, ojalá solo se trate de una desaceleración temporal, España tiene hoy los cimientos más inconsistentes que nunca, pues a la incertidumbre política se añade una deuda pública estratosférica de más de un billón de euros, un 30% más que en 2011; el sistema de pensiones es deficitario por la sencilla razón de la bajada de sueldos y cotizaciones de los contratos basura, y con el fondo de la hucha a la mitad desde 2011; la menor cobertura de los desempleados, habiendo caído esta del 70% en 2011 a poco más del 50% ahora, sin olvidar que hoy es el segundo país más desigual de Europa y con millones de compatriotas que subsisten en la pobreza o están a punto de caer en ella, incluidos infinidad de niños, pues así lo acreditan informes de ONGs como Cáritas, Cruz Roja, Oxfam Intermón, o instituciones como la OCDE y hasta la propia UNESCO.
Si se confirma lo peor, por el bien de todos los países del Sur de Europa, es deseable que la UE tome otras medidas al margen de los socorridos recortes. Otro hachazo con merma del dinero, puede agravar aún más la supervivencia de millones de europeos, particularmente griegos, chipriotas, malteses, italianos, franceses, portugueses y españoles. La Socialdemocracia europea debería dar un puñetazo en la mesa y decir hasta aquí hemos llegado. De seguir mirando para otro lado, haciendo dejación de su vertiente obrera y social, mientras abrazan idénticos postulados en lo referido a esta economía desbocada que sus oponentes, los conservadores/liberales, la llevará a su extinción o en el mejor de los casos a ser mera comparsa como es hoy en media Europa, incluida Alemania , y con ello al nacimiento de nuevos partidos dispuestos a ocupar ese espacio en otro tiempo tan potente. Hay que volver a recuperar el poder político, a regular el libre mercado como están regulados los clubs privados, a luchar hasta la extenuación y todos juntos para que desaparezcan los paraísos fiscales y a apostar por economías sostenibles en el tiempo donde el capital humano sea más importante que el dinerario. Si se vuelven a las tiritas, irremediablemente seguirán las crisis y cada vez más acusadas, pero solo para las clases medias y bajas.
Esperemos que solo sean conjeturas sin fundamento, pero las señales están ahí.
martes, 17 de noviembre de 2015
Barbarie del 13-N-Refugiados
El viernes 13 último se perpetraba en diversos lugares de París la mayor matanza en años a consecuencia de atentado terrorista. Desde el principio estuvo clara la autoría yihadista, algo por otra parte confirmado por los propios interesados horas después. Como cualquier otra acción por la cual se trate de subvertir la estabilidad económica, social o política de un país por medio del asesinato de seres vivos, merece la más absoluta repulsa y condena, y por ello la persecución de los autores materiales e intelectuales que han acabado con la vida de más de un centenar de personas y ocasionado heridas a más de trescientos. Sin abandonar las políticas encaminadas a proteger la seguridad de los ciudadanos y la firme voluntad de erradicar ese brote de podedumbre que es la MINORÍA disgregada del Islam, que pretende por medio de la lucha armada y amparada en la grandeza de Alá, imponer un modo de vida que ni los propios musulmanes, LA MAYORÍA, comparte, se deberían de implementar vías posibilistas de exploración sin cerrar de antemano todas las puertas. No seamos selectivos y olvidemos que atentados como el de la capital francesa se producen casi a diario en países como Irak, Afganistán, Líbano, Libia, Pakistán o la propia Siria -de donde se deduce partió la orden de matar, si no fue desde Bélgica-, y que esos atentados van dirigidos habitualmente contra ciudadanos que comparten idéntica religión. Tampoco debemos ignorar que los millones de huidos de Siria escapan de su tierra por la guerra, pero también por el aire irrespirable que provoca una MINORÍA de sus compatriotas que pretende imponer la grandeza de la Yihad o Guerra Santa, a una MAYORÍA, incrédula ante la opción de la barbarie, algo incompatible con el Santo Corán.
A lo largo de estos últimos días he leído y escuchado opiniones para todos los gustos en lo que atañe a la forma de actuar contra los criminales, el tratamiento a los refugiados e incluso la forma de proceder con emigrantes originarios de países musulmanes y que llevan tiempo viviendo en países de Europa. La pregunta que todo el mundo se hace es ¿cómo paramos esto? La respuesta no es nada sencilla, ciertamente. Parece haber dos vías encontradas y en las cuales se alinean más del 90 % de los ciudadanos españoles, y una tercera donde se ubica el sector de los indecisos. Obviamente las posiciones divergentes las encabeza por un lado el grupo de compatriotas partidarios de la mano dura y sin miramientos, o sea: expulsión de todos los emigrantes musulmanes, cierre total de mezquitas, intervención militar sobre el terreno sirio, y, por descontado, nada de acoger refugiados. Por contra está la facción de los partidarios de la mano tendida y la comprensión, convencidos estos de que una acción militar sobre el terreno no va a solucionar el problema, ni tampoco la expulsión de los musulmanes, y por supuesto creen en la acogida de refugiados; lo contrario, suponen, sería agravar aún mas el escenario actual de terror, en un mundo, no lo olvidemos, globalizado.
El grupo más reducido de los no alineados comparte algo del diagnóstico de los alineados en ambas facciones, de manera que estaría conforme con no acoger a refugiados procedentes de Siria, pero no vería con buenos ojos una intervención militar sobre el terreno, recordando que la intervención militar en países como Afganistán, Libia o Siria, además de dejar un reguero de muertos, miles de civiles inocentes, ha creado pueblos desgobernados, o estados fallidos, algo que muy fácilmente podría ocurrir en Siria. Y que desde el año 2001 -atentado de las Torres Gemelas-, el terrorismo yihadista ha tenido un crecimiento exponencial.
Evidentemente, cuando ocurre algo tan dramático como es el asesinato gratuito de cientos de personas en una ciudad tan cercana como París, lo primero que hacemos es seguir las indicaciones del corazón, de manera que impulsados por las vísceras, el ojo por ojo, no pensamos en algo distinto a la venganza, y si puede ser con saña y el mayor de los odios, mejor. Sin embargo, hay otra opción mejor, la de reflexionar fríamente con la cabeza antes de actuar. Me acuerdo ahora de un reconocido militar español, creo que era coronel, haciendo una manifestación en la que llegaba a valorar el beneficio de un bombardeo sobre la localidad donde supuestamente se escondía un comando de ETA tras haberse cargado a varios guardias civiles en la época más sangrienta de la banda durante el mandato del sr. Suárez. ¿Se imaginan lo que hubiera ocurrido de habérsele hecho caso? Por otra parte, creer que los refugiados e inmigrantes pueden traer consigo al mismo Demonio y con él el aumento del terror, es cuando menos una temeridad, pues según opinan los entendidos, quienes atentan no suelen viajar a pie o a bordo de una patera, muy al contrario lo hacen habitualmente por vía aérea.
Generalizar es frecuente cuando se trata de simplificar un problema, y eso es algo que en nada ayuda a su resolución. Los terroristas que vienen actuando en Europa no son unos mindundis, unos pobres muertos de hambre -para perpetrar un atentado de la dimensión del de París se necesitan medios económicos y logísticos-, acaso sí sean unos pobres incultos atraídos por un mensaje radical que finalmente los vuelve fanáticos y odiosos, pero nunca hambrientos que se alojan en campos de refugiados, de acogida o simplemente se tiran a la calle. En opinión de los entendidos, el EI genera al año 2.000 millones de $. Con ese dinero reclutan a niños y hombres forzosos, a mercenarios, pagan el adiestro de los futuros combatientes, el mantenimiento de campos de entreno, financian células informativas y compran las armas en el mercado negro, etc. Tal vez es ahí donde se debe actuar, en sus vías de financiación.
Yo, claramente, me estoy decantando por el lado del entendimiento, la concordia y el multilateralismo. Además, no me perdonaría jamás renegar de personas musulmanas con las que he trabajado y trabajo debido a mi profesión. Puedo decir que, como ocurre en España, en Francia, en Siria o en Tombuctú, hay personas, buenas y otras no tanto, y en donde yo trabajo no ocurre algo distinto.
domingo, 1 de febrero de 2015
EL ENFERMO
En la película John Q, un padre, interpretado por Denzel Washington, se ve obligado a tomar la decisión radical de secuestrar un hospital, con el firme propósito de salvar la vida de su hijo, que padece insuficiencia cardiaca y necesita un trasplante urgente. A pesar de tener seguro médico, éste no cubre el coste total de la intervención que está valorado en 250.000 $, por haberse abaratado, al cambiarle su empresa el contrato a tiempo completo por otro a media jornada. Incapaz de reunir el dinero, opta por la huida hacia adelante.
Hace hoy una semana, el pueblo griego decidía una "huida" a la desesperada con tal de salir del bucle en el cual está metido desde hace 7 años, si no son muchos más. El enfermo de Europa, como a veces se le denomina, ha dado su confianza a Syriza, un partido de izquierdas sin medias tintas que está decidido a buscar la salud de su patria al precio que sea. En estos últimos años los remedios paliativos no han dado el fruto apetecido y hoy, a pesar de la opinión de los galenos, Grecia está, cuando menos, igual de desmejorada que al estallar la crisis, aunque es lógico pensar que esté peor, pues el déficit no ha dejado de crecer hasta el 175 % de su PIB, y gran parte de su población se ha visto privada de una sanidad pública, abocada a la subsistencia con sueldos míseros y a una cobertura cada vez más reducida de sus desempleados; eso obviando la realidad de la pobreza energética de 300.000 personas que no pueden encender la calefacción o placas eléctricas. Alexis Txipras ha pensado que por encima de la macroeconomía está la vida y dignidad de sus ciudadanos, y plantea un nuevo escenario abiertamente enfrentado a la ortodoxia económica de Bruselas. Cualquiera de nosotros, pienso yo, haría todo cuanto estuviera en la mano para salvar la vida de un hijo, hasta el punto de poner en riesgo la vida propia; el presidente electo es lo que está haciendo, sin importarle lo que pueda opinar el resto de europeos, pues para él lo prioritario es aliviar la emergencia social de su país.
Conviene recordar que Grecia está casi desahuciada, entre otras cosas porque Goldman Sachs asesoró al gobierno conservador de entonces para maquillar los déficits reiterados. Con la crisis, la entidad financiera tuvo el beneplácito de las autoridades del gobierno Bush para pasar de banco inversor a comercial. Tampoco se puede olvidar que las 3 grandes agencias de calificación, Standard & Poor's, Moody's y Fitch, que forman un oligopolio con el control del 90 % del sector, hasta 4 días antes de la "deflagración" de Enron, calificaban la salud económica de esta empresa energética como satisfactoria, a pesar de tener conocimiento de sus dificultades desde meses antes. O que previamente a la semana del hundimiento de Lehman Brothers, estas agencias de calificación neoyorquinas valoraran positivamente a esta entidad, hasta el extremo de hacerla poseedora de un gran músculo.
Hablando de Lehman Brothers, convendría no olvidar, además de recordarle al sr. De Guindos, que él era su representante para Europa, y que debía de estar al corriente, digo yo, de las actividades, si no prohibidas, escasamente éticas de esa entidad, como la implementación de los bonos hipotecarios subprime o bonos basura. Es llamativo que nuestro ministro de economía reclame los casi 30.000 millones de euros que Grecia adeuda a España, siendo él parte del sector financiero americano que con su forma de operar ha abocado al mundo entero a una crisis sin precedentes en Europa y muy particularmente a Grecia. Y es constatable además de triste, que la Europa pudiente, la del Norte, la que encabeza Alemania, siga decidida a cobrar la deuda y en los plazos previstos, cuando de sobra sabe que ahora mismo y con estas políticas restrictivas, Grecia no podrá pagarla; es más, hasta es probable que vaya aumentando; y no lo digo yo, lo dicen muchos economistas.
A quienes desconocen o se les olvida la historia reciente, hay que decirles que nuestra nación, España, es deudora desde los tiempos de los Reyes Católicos, y que a lo largo de más de 500 años, ha dejado de pagar sus deudas en muchas ocasiones, empezando por la era de Isabel y Fernando, siguiendo por la época de la Restauración, donde los partidos Conservador y Liberal se relevaban en el poder mediante elecciones amañadas; y acabando por la más reciente del dictador Franco.
Pero si esto ha sido así, no es menos cierto que -antes de ir al meollo-, cuando Alemania superaba el déficit del 3 % y España tenía superávit, nadie le dijo a sus políticos que el país debía de apretarse el cinturón; es más, parece que en la historia de Alemania, causante de las dos Guerras Mundiales, no sólo no se le dijo nada al respecto, sino que se le perdonó gran parte de su deuda generada por sus ansias belicistas del pasado siglo. Veamos.
Tras la finalización de la I Guerra Mundial, a Alemania se le condonó nada menos que el 98 % de su deuda. Algunos años después de concluir la II Guerra Mundial, concretamente en 1953, países como España, ¡Grecia!, y por encima de todos USA, llegaron a un acuerdo en Londres para perdonar el 62,6 % de su deuda, que alcanzaba los 38.800 millones de marcos de la época y que le abocaba a la quiebra. Además se dilataba en el tiempo el pago de la deuda restante, de manera que Alemania acabó de pagarla hace nada, en 2010. Gracias a esa altura de miras los países acreedores cobraron su dinero y Alemania pudo prosperar hasta ser hoy reconocida como la locomotora de Europa.
Probablemente, de no existir el corsé de la moneda única que todos conocemos como Euro, se hubiera sido mucho más flexible con Grecia, también con Portugal, España y ahora con Italia. A un país tan claramente exportador como es Alemania, y que su mercado mayoritario está en Europa, le conviene la pervivencia de la moneda, viniéndole de perlas cobrar sus productos en algo tan sobrevalorado como es la moneda única.
Por último, resaltar lo obtusos que son nuestros representantes europeos. LLevamos 7 años con las mismas políticas austeras que sólo tienen en el horizonte la mirada bienintencionada de la macroeconomía. No son capaces de ver que Europa se está volviendo vieja, achacosa; que esas políticas de corte guerrero/prusiano sólo llevan al empobrecimiento de la población y a su consiguiente disminución, pues los ciudadanos, aquellos que podrían traer hijos al mundo, no lo van a hacer. En el caso particular de España ocurre otro tanto: por primera vez en décadas empieza a perder habitantes por la emigración, nulo crecimiento vegetativo, el abandono de los pueblos (no es de extrañar con la nula inversión en lo rural y la reforma insufrible de las entidades locales), o el irrisorio apoyo a las familias.
John Q buscó una salida a la desesperada para su hijo enfermo. Alexis Tsipras está haciendo lo propio para un país moribundo, al cual, me temo, le han dado durante años la medicina equivocada y pretenden seguir dándosela.
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