martes, 17 de noviembre de 2015

Barbarie del 13-N-Refugiados

  El viernes 13 último se perpetraba en diversos lugares de París la mayor matanza en años a consecuencia de atentado terrorista. Desde el principio estuvo clara la autoría yihadista, algo por otra parte confirmado por los propios interesados horas después. Como cualquier otra acción por la cual se trate de subvertir la estabilidad económica, social o política de un país por medio del asesinato de seres vivos, merece la más absoluta repulsa y condena, y por ello la persecución de los autores materiales e intelectuales que han acabado con la vida de más de un centenar de personas y ocasionado heridas a más de trescientos. Sin abandonar las políticas encaminadas a proteger la seguridad de los ciudadanos y la firme voluntad de erradicar ese brote de podedumbre que es la MINORÍA disgregada del Islam, que pretende por medio de la lucha armada y amparada en la grandeza de Alá, imponer un modo de vida que ni los propios musulmanes, LA MAYORÍA, comparte, se deberían de implementar vías posibilistas de exploración sin cerrar de antemano todas las puertas.  No seamos selectivos y olvidemos que atentados como el de la capital francesa se producen casi a diario en países como Irak, Afganistán, Líbano, Libia, Pakistán o la propia Siria -de donde se deduce partió la orden de matar, si no fue desde Bélgica-, y que esos atentados van dirigidos habitualmente contra ciudadanos que comparten idéntica religión. Tampoco debemos ignorar que los millones de huidos de Siria escapan de su tierra por la guerra, pero también por el aire irrespirable que provoca una MINORÍA de sus compatriotas que pretende imponer la grandeza de la Yihad o Guerra Santa, a una MAYORÍA, incrédula ante la opción de la barbarie, algo incompatible con el Santo Corán.

   A lo largo de estos últimos días he leído y escuchado opiniones para todos los gustos en lo que atañe a la forma de actuar contra los criminales, el tratamiento a los refugiados e incluso la forma de proceder con emigrantes originarios de países musulmanes y que llevan tiempo viviendo en países de Europa. La pregunta que todo el mundo se hace es ¿cómo paramos esto? La respuesta no es nada sencilla, ciertamente. Parece haber dos vías encontradas y en las cuales se alinean más del 90 % de los ciudadanos españoles, y una tercera donde se ubica el sector de los indecisos. Obviamente las posiciones divergentes las encabeza por un lado el grupo de compatriotas partidarios de la mano dura y sin miramientos, o sea: expulsión de todos los emigrantes musulmanes, cierre total de mezquitas, intervención militar sobre el terreno sirio, y, por descontado, nada de acoger refugiados. Por contra está la facción de los partidarios de la mano tendida y la comprensión, convencidos estos de que una acción militar sobre el terreno no va a solucionar el problema, ni tampoco la expulsión de los musulmanes, y por supuesto creen en la acogida de refugiados; lo contrario, suponen, sería agravar aún mas el escenario actual de terror, en un mundo, no lo olvidemos, globalizado.

  El grupo más reducido de los no alineados comparte algo del diagnóstico de los alineados en ambas facciones, de manera que estaría conforme con no acoger a refugiados procedentes de Siria, pero no vería con buenos ojos una intervención militar sobre el terreno, recordando que la intervención militar en países como Afganistán, Libia o Siria, además de dejar un reguero de muertos, miles de civiles inocentes, ha creado pueblos desgobernados, o estados fallidos, algo que muy fácilmente podría ocurrir en Siria. Y que desde el año 2001 -atentado de las Torres Gemelas-, el terrorismo yihadista ha tenido un crecimiento exponencial.

    Evidentemente, cuando ocurre algo tan dramático como es el asesinato gratuito de cientos de personas en una ciudad tan cercana como París, lo primero que hacemos es seguir las indicaciones del corazón, de manera que impulsados por las vísceras, el ojo por ojo, no pensamos en algo distinto a la venganza, y si puede ser con saña y el mayor de los odios, mejor. Sin embargo, hay otra opción mejor, la de reflexionar fríamente con la cabeza antes de actuar. Me acuerdo ahora de un reconocido militar español, creo que era coronel, haciendo una manifestación en la que llegaba a valorar el beneficio de un bombardeo sobre la localidad donde supuestamente se escondía un comando de ETA tras haberse cargado a varios guardias civiles en la época más sangrienta de la banda durante el mandato del sr. Suárez. ¿Se imaginan lo que hubiera ocurrido de habérsele hecho caso? Por otra parte, creer que los refugiados e inmigrantes pueden traer consigo al mismo Demonio y con él el aumento del terror, es cuando menos una temeridad, pues según opinan los entendidos, quienes atentan no suelen viajar a pie o a bordo de una patera, muy al contrario lo hacen habitualmente por vía aérea.

  Generalizar es frecuente cuando se trata de simplificar un problema, y eso es algo que en nada ayuda a su resolución. Los terroristas que vienen actuando en Europa no son unos mindundis, unos pobres muertos de hambre -para perpetrar un atentado de la dimensión del de París se necesitan medios económicos y logísticos-, acaso sí sean unos pobres incultos atraídos por un mensaje radical que finalmente los vuelve fanáticos y odiosos, pero nunca hambrientos que se alojan en campos de refugiados, de acogida o simplemente se tiran a la calle. En opinión de los entendidos, el EI genera al año 2.000 millones de $. Con ese dinero reclutan a niños y hombres forzosos, a mercenarios, pagan el adiestro de los futuros combatientes, el mantenimiento de campos de entreno, financian células informativas y compran las armas en el mercado negro, etc. Tal vez es ahí donde se debe actuar, en sus vías de financiación.

  Yo, claramente, me estoy decantando por el lado del entendimiento, la concordia y el multilateralismo. Además, no me perdonaría jamás renegar de personas musulmanas con las que he trabajado y trabajo debido a mi profesión. Puedo decir que, como ocurre en España, en Francia, en Siria o en Tombuctú, hay personas, buenas y otras no tanto, y en donde yo trabajo no ocurre algo distinto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Las preguntas de la semana

  ¿Por qué nuestros sesudos políticos -de un color u otro, y lo resalto-, cuando están en la Oposición, tienen la fea costumbre de poner rep...