Los partidos políticos, no cabe la menor duda, están para ganar las elecciones. Si hace algunos años, en su concepción de la política es posible que antepusieran los intereses de la mayoría ciudadana a la legítima ambición de ganar el sufragio; hoy, es mi punto de vista, prevalece la necesidad de la victoria a cualquier precio. Una de las mayores lacras que nos ha legado la actual democracia es el de los cargos de confianza y/o asesores de imagen y/o comunicación. En la incipiente democracia, el sr. Suárez apenas contaba con ellos. Tampoco el sr. Calvo Sotelo ni el sr. González se rodearon de ellos de manera exagerada. En aquel tiempo, reitero mi punto de vista, los dirigentes de los partidos políticos (añado a los señores Fraga, Roca, Carrillo, etc.) parecían menos impostados que ahora, como más auténticos; si bien, es de imaginar, también mentirían, aunque no tanto como los de ahora. Cada uno mostraba una cierta espontaneidad, con sus virtudes y defectos, pudiéndolos aceptar u odiar. Con el sr. Aznar comienza el salto cuantitativo para ser auxiliado por consejeros o consultores -es cierto que en la última época del sr. González y en cierta manera por los casos de corrupción, empezó a echar mano de ellos con más asiduidad-, y ya con el sr. Zapatero (55) y el sr. Rajoy (83), si bien es posible que ese número aumente conforme se acercan los próximos comicios del 20 de diciembre, se da el salto hacia la escalada, poniendo en manos de cargos de confianza la suerte o desgracia de más o menos votos. Es así como a lo largo de la presente legislatura el sr. Rajoy ha llegado a resultar grotesco en alguna de sus manifestaciones, ruedas de prensa, intervenciones parlamentarias o incluso interpretando el remake deVerano azul, atendiendo a las rogativas de sus asesores que pretenden hacer del sr. Rajoy otra persona distinta a la que es.
Todo esto viene a cuento porque parece que los asesores han elegido para los dirigentes populares el eslogan de que el sr. Bárcenas, e incluso el sr. Rato, solo pasaban por allí. Así que los dirigentes populares del Comité Ejecutivo a nivel nacional (ojo, no la mayoría de afiliados y mandos locales), todos a una, siempre dicen lo mismo cuando se les interpela, o sea: que ya no son miembros del Partido, ¡faltaría más! Al menos en tiempos del sr. González, el interesado decía que se había enterado por la prensa de los casos de corrupción, sin apelar a la afirmación de que el sr. Roldán ya no pertenecía al partido. Los consejeros/asesores están haciendo lo posible e imposible por hacer abstracción de las corruptelas, de manera que los escándalos les pase una factura mínima a la hora de votar.
Sin embargo, la realidad es muy tozuda y los votantes no tan torpes; así que ahí están las preguntas que los ciudadanos de a pie nos hacemos sin que hasta la fecha se haya dado cumplida y cabal respuesta. Sin ir más lejos, quienes mandan en el PP no dicen algo convincente al respecto del pago de más de un millón de euros en dinero negro en la rehabilitación de la sede central en Génova 13. Y digo yo: ¿Está legitimado y es creíble que el Gobierno pueda perseguir a los defraudadores y pretenda concienciarnos para que paguemos las facturas con el IVA, si ellos, nuestros representantes, no lo hacen al pagar su propia casa? En un país serio de nuestro entorno esto sería un escandalazo. ¿Con qué autoridad dicen que el sr. Bárcenas les robó? Si así es, ¿a qué dinero se refieren y de dónde procedía? Si tanta inquina tienen hacia su ex tesorero siendo como dicen un ladrón, ¿a santo de qué se le readmitió en el cargo después de imputado, y cómo es posible que dispusiera de coche, chófer, secretaria y despacho, amén de un sueldo de campanillas de más de 20.000 € mensuales, beneficios retirados cuando salieron en la prensa "los papeles de Bárcenas"? Siendo su intención la de impulsar medidas para encauzar la transparencia, ¿cómo es posible que destrozaran los discos duros en los ordenadores del sr. Bárcenas, si eran ellos los primeros en esclarecer la verdad? Si en el ánimo del PP -la ejecutiva, reitero- siempre ha estado la máxima de colaborar con la justicia, ¿por qué las autoridades judiciales se pasaron más de 12 horas registrando la sede de Génova 13, algo insólito en nuestra democracia, si no fue porque al sr. Ruz no se le facilitaba la imformación por él requerida? Si el sr. Bárcenas, como ahora el sr. Rato, son dos indeseables (por cierto ambos nombrados, uno como tesorero y otro como presidente de Caja Madrid, por el propio sr. Rajoy), ¿cómo es que el Presidente intercambiaba SMS nada edificantes con el primero? En cualquier otro lugar de la Europa Central es más que probable que al sr. Rajoy le hubiera costado el puesto.





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