viernes, 27 de noviembre de 2015

No nos dejemos engañar

A poco más de 3 semanas de las elecciones generales, los partidos que compiten por hacerse con el gobierno de España, se preparan para la dura batalla de convencer a los ciudadanos de que ellos son los mejores para llevar a buen puerto la nave patria. No les importa hacer cuanto haga falta, incluso convivir con el ridículo, con tal de arañar el mayor número de votos. Me atrevo a decir que realmente no les preocupa demasiado el porvenir de quienes les van a erigir en Gobierno u Oposición, ellos solo quieren ganar a toda costa. Estoy convencido de que una abrumadora mayoría de nuestros representantes desconoce lo más esencial de la Constitución, además de, en cuanto se acaba la votación, olvidarse de que ellos no son profesionales de la política, como pueden llegar a creer, sino representantes elegidos por la ciudadania. En cierto modo es lógico su pensamiento, teniendo en cuenta que, seguramente, apenas un 10% de los votantes se preocupa de ojear los programas electorales de las fuerzas políticas. Tampoco tiene demasiada importancia nuestro desconocimiento generalizado, ya que las políticas que se van a implementar a partir de enero próximo, se parecerán muy poco a las líneas maestras esbozadas en campaña electoral.

  Es recomendable votar, y votar con la honestidad de cada uno, aunque nos equivoquemos o no. Ahora, bien, no nos dejemos engañar, no seamos ilusos. Toda la carne está vendida, y no en Madrid, sino en Bruselas. Nuestros políticos pueden prometer la Luna, el Sol o El Dorado, pero saben de sobra que no está en su mano el otorgar todos los bienes habidos y por haber a la ciudadanía. Habrá matices en las políticas que no afecten a la médula central de la economía según quien gobierne, pero el dinero no se toca; se despertarán algunas sensibilidades dormidas si hay cambio en la Moncloa, aunque serán más las palabra que los hechos; con toda seguridad se recuperará el diálogo y se alcanzarán consensos, mas apenas repercutirán en el bienestar de los ciudadanos. ¿Y por qué no veremos ese cambio sustancial? La respuesta la tenemos en Grecia y dentro de muy poco en Portugal. Con un partido radicalmente de izquierdas como Syriza, la política económica es la misma que antes de llegar al poder. En Portugal no cabe ninguna sorpresa, pues el gobierno de Costa abordará la misma receta dineraria que su predecesor. ¿Por qué ocurre esto? Por la sencilla razón de que asumiendo "el caramelo" de la moneda única, los países hemos transferido en buena parte nuestra soberanía económica y financiera. Todas las naciones que son deficitarias, y muy particularmente las del Sur de Europa, antes con monedas propias raquíticas, con poco músculo, han incrementado su deuda de manera exagerada desde 2002. Seguramente el Debe tardará décadas en desaparecer (algunos economistas hablan de las deudas de Portugal, Italia, España y  particularmente Grecia, como impagables en el largo plazo).

  El sr. Rajoy sabe que si es reelegido deberá hacer recortes en alguna partida -como lo sabía él y el sr. Rubalcaba en el 2011-, ya que con su bajada de impuestos tiene un agujero de 10.000 millones de €. La Comisión ya le ha advertido y no se ha puesto más dura porque es sensible con el actual calendario preelectoral, además de haber sido uno de los alumnos más aplicados en el Viejo Continente. Por su parte, el resto de partidos que aspiran a hacerse con el poder, son conscientes de que no podrán aplicar las políticas que plantean por la simple razón de que cuestan dinero y no lo hay o no lo quieren soltar, ¿alguien sabe algo de los 300.000 millones del célebre Plan Juncker? La política económica ahora mismo es solo una: austeridad, austeridad y austeridad, a mayor gloria de la moneda única. Es chocante que en USA, origen de la gran crisis, ejecutando políticas expansivas del gasto, haya reducido el déficit y también el paro, de manera que hoy apenas quedan vestigios del terremoto que supuso la quiebra de Lehman Brothers. También a países como Suecia, UK o Suiza, no les parece ir mal con sus propias monedas.

  Confiados, pues vale, pero no ilusos. Cuando haya pasado el 20-D, los principales dirigentes de los partidos dejarán de procesionar por los platós de televisión, no concederán entrevistas con tanta prodigalidad y dejarán de hacer el ganso porque ya habrán comida las habichuelas que les hayan regalado los españoles. El sr. Rajoy volverá a su cuartel de invierno para volver a ser el sr. Rajoy, sin esa inopinada hiperactividad que le acompaña de un tiempo a esta parte por mor de un quítame esos votos. Y si finalmente no es el sr. Rajoy el elegido, quien tenga la misión de regir el destino de España en los próximos años, empeñará su palabra en el objetivo único del déficit que le dicten los que realmente cortan el bacalao: los de Bruselas. Que no quepa la menor duda.

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