Todos somos entes políticos. Nuestras acciones tienen cierta carga ideológica aunque no reparemos en ello. Los políticos deben de preservar el bien común y corregir en lo posible las tendencias contrarias, y sus representados tenemos la obligación de velar, de vigilar siempre sus decisiones, sobre todo aquellas que vulneran la cohesión de la sociedad. Nadie es apolítico, otra cosa bien distinta es no participar activamente en política. Conviene tener los ojos bien abiertos.
viernes, 8 de febrero de 2019
lunes, 14 de enero de 2019
Las amistades peligrosas de Santiago Abascal
¿Alguien sabía que Santiago Abascal lleva pistola? Me quedé de una pieza al escuchar que el líder de Vox se acompaña de una Smith & Wesson desde hace años, cuando se protegía de ETA. Lo llamativo es que lo siga haciendo ahora, cuando han pasado más de 7 años desde la renuncia de la banda armada a la violencia. Creo que este dato puede arrojar luz sobre la verdadera personalidad del vasco de 42 años que, un lejano noviembre de 2013 abandonaba el PP de malas formas -tras dejar el chiringuito sin actividad alguna de la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social de la Comunidad de Madrid y por el que cobraba 82.000 € anuales, tras su caída en desgracia en el PP vasco, y la abrupta carta de despedida responsabilizando al sr. Rajoy de buena parte de los males del Partido- para dos meses más tarde enrolarse en una aventura llamada Vox.
No sé con certeza si algún otro político de los actuales también se protege con arma de fuego, lo ignoro, aunque quiero pensar que no. Tenía su sentido en la época del plomo, cuando muchos políticos estaban amenazados de muerte. Más de uno, además de los escoltas, la guardaba bajo la americana o el abrigo invernal. Pero no era mi intención quedarme con lo "anecdótico" y sí indagar en la conexión del líder de la extrema derecha española con otras fuerzas internacionales de su mismo espectro político.
Al sr. Abascal no le tiembla el pulso a la hora de ensalzar las virtudes de dirigentes como Salvini, Orban, Le Pen o el mismísimo Trump. Aquí habría que añadir a Putin, aunque me imagino que no lo menciona por una cierta connotación negativa de otros tiempos. Y ciertamente no es ninguna casualidad que el bilbaíno comparta buena parte del ideario ideológico del millonario americano, salvando las peculiaridades patrias de cada cual, no en vano, la conexión está más que acreditada. Steve Bannon, ex jefe de campaña de Trump, es quien en la andaluza puso todos los resortes de su capacidad organizativa en manos de Vox, no haciendo ascos a la difusión de fakes news o noticias falsas, hoy tan frecuentes, y que se propagan a velocidad de vértigo en los medios audio visuales y escritos, fundamentalmente en las redes sociales -hoy es el partido español más seguido en Instagram-, lo mismito que circularon en USA durante la campaña presidencial de 2016 con la decisiva participación de Rusia. Steve Bannon que volverá a ser asesor principal de Vox para la campaña de mayo de las europeas, es también hoy, domiciliado en Europa, consejero preponderante de movimientos de ultra derecha y que él denomina "The Movement", movimiento bendecido en privado por el gobierno de Putin y no ensalzado públicamente para no inquietar, que hará lo indecible por erosionar y desestabilizar la unidad del Viejo Continente, a fin de recuperar el dominio e influencia que tuvo durante los tiempos de la Guerra Fría. Al fin y al cabo, aunque traten de disimular, la Casa Blanca y el Kremlin comparten el objetivo de laminar la UE y recuperar su prestigio perdido: América y Rusia lo primero, sin perder de vista los buenos negocios que el presidente americano ha mantenido y probablemente aún mantiene en la antiguamente enemiga acérrima.
Conviene recordar que el sr. Abascal, admirador indisimulado del sr. Aznar, esgrimió como una de las varias causas para abandonar el PP, la de que se hacía muy poco por extirpar la corrupción, algo por otra parte irrefutable. No obstante, lo que no le he escuchado jamás, es admitir que la mayoría de las corruptelas se produjeron durante el gobierno del madrileño al socaire de la burbuja inmobiliaria, que a él mismo, y con el beneplácito de la sra. Aguirre, le permitió vivir a cuerpo de rey de las mamandurrias o redes clientelares de las que ahora abomina. Como es un contrasentido que su partido, que quiere liquidar el sistema autonómico y reniega de la UE se presente a las elecciones andaluzas y en mayo a otras muchas regionales, además de las europeas. Sin embargo, todo esto que digo, sí tiene su sentido bajo el prisma del pensamiento univoco de una reacción que se ha instalado en la extrema derecha europea, en USA y en Rusia, de luchar a brazo partido, cada uno a su manera, por desbaratar la Unión Europea, algo que por otra parte se han ganado a pulso durante estos últimos 10 años los gerifaltes de Bruselas.
De ahora en adelante, convendría saber con quién nos estamos jugando los cuartos, además de con Steve Bannon. El pacto de Andalucía no ha hecho otra cosa que dar las credenciales a un partido ultra que juega con la ventaja del descontento generalizado hacia la política y los políticos. Una de las claves para entender el auge de la extrema derecha en Europa y España, viene propiciada por la pésima gestión de la crisis económica que se ha hecho desde Bruselas, provocando tanta pupa en el sur continental, haciendo, como casi siempre, que el peso de los recortes recayera fundamentalmente sobre los más desfavorecidos, propiciando la lógica de una desigualdad extrema que amenaza con laminar a buena parte de la clase media y que no se conocía desde hacía muchos años. Si Bruselas no rectifica, es posible que los ciudadanos europeos le hagan rectificar por las bravas y ya sea demasiado tarde para transitar por el camino de la democracia. Y a la Socialdemócrata habría que decirle sin tapujos, que buena parte de responsabilidad por el auge de partidos ultras se debe a su connivencia con las élites económicas y fuerzas conservadoras que han impuesto un destino económico sin la mínima discrepancia, renunciando a sus máximas fundacionales, y por tanto incapaz de dar respuesta, o al menos intentarlo, a los muchos problemas de la ciudadanía, la cual no admite/entiende el crecimiento exponencial de millonarios y de pobres a un tiempo. Lo vuelvo a repetir: cuando uno abraza el ideario económico de otras fuerzas políticas renunciando a sus principios ideológicos, lo más natural es que el votante elija a la fuerza original y no a la copia.
La extrema derecha nacionalista - todos los partidos que la integran lo son, pues condenan sin paliativos la globalización y todo lo que ello conlleva- siempre tiene su apogeo en momentos de crisis económicas. No hay que olvidar lo que vino tras el crack del 29, desencadenando la II Guerra Mundial, con el preámbulo del fallido golpe de estado y posterior Guerra Civil en España; si bien aquí, a la crisis económica que afloró hacia 1933-34, habría que añadir otras causas. Todo esto convendría no olvidarlo. Como tampoco debería de ignorar C's que esa postura cómoda e indolente de mirar para otro lado en la confianza de abrazar el nacionalismo español junto a Vox, a la larga le puede pasar factura, como le ocurrió a sus correligionarios de UPyD.
Hay que desear que esa postura de defensa o ataque, según se mire, que esgrime el sr. Abascal jactándose de llevar pistola, no sea una nueva evidencia de que las posturas se empiezan a radicalizar, lo cual no nos llevará a nada bueno. Si los políticos en general, todos, no dejan de atender más a las encuestas del momento que a los problemas reales de España, si siguen más preocupados por conquistar el poder que a hacer la vida más soportable a sus compatriotas, me temo que esto puede acabar fatal.
jueves, 6 de diciembre de 2018
Es lo que hay
La valoración de los líderes políticos según el CIS del PP a 05/02/2017 era la siguiente: Albert Rivera 4, Pedro Sánchez 3,68, Mariano Rajoy 2,87 y Pablo Iglesias 2,54. Si nos vamos a la última valoración de ayer mismo del CIS del PSOE, poco ha cambiado: Pedro Sánchez 3,73, Albert Rivera 3,5 y los dos Pablos, Casado e Iglesias con un 3 cada uno. Algo parecido ocurre si nos vamos a la valoración de líderes andaluces de hace unas semanas: Susana Díaz 4,1, Juan Marín 3,5, Teresa Rodríguez 3,4 y Juanma Moreno 3,1. Hago esta pequeña introducción para entender un poco el desencanto que generan nuestros representantes -probablemente la peor clase política de estos últimos 40 años-, y lo que ha ocurrido en Andalucía con la aparición de VOX, que en cierto modo también refleja la calidad de los políticos fuera de nuestras fronteras, lo que ha dado como resultado el resurgir de la extrema derecha en toda Europa, amplificado por la interminable crisis de 2008, algo parecido, salvando las distancias, a lo que ocurrió en el Viejo Continente en la década de los 30 tras la gran depresión de 1929.
Parto de la base de que la alternancia en democracia es algo muy saludable, y que tras 36 años de gobiernos ininterrumpidos del PSOE en Andalucía, es lógico y hasta deseable un relevo; pero ojo: como lo es en la Comunidad de Madrid con 24 años de gobiernos del PP o en la de Castilla y León, donde llevan gobernando 31 seguidos. Cuando un partido se perpetúa en el gobierno es más factible que surjan las corruptelas y las redes clientelares. Estando en la Oposición es más sencillo regenerarse y que los casos de corrupción se puedan investigar sin obstrucción de los interesados: se está viendo ahora una vez que el PP nacional ha dejado de gobernar, y es posible que algo parecido ocurra en Andalucía si finalmente el PSOE sale de San Telmo.
Ahora bien. Hay la otra vertiente, la que debe de valorar la conveniencia o no de pactar con un partido de extrema derecha que defiende postulados que chocan frontalmente con los principios de la UE, con la Constitución Española y el Estatuto de Autonomía de Andalucía (es muy recomendable leer su programa electoral para reflexionar sobre lo que estamos hablando). VOX surge de una excisión del PP de Mariano Rajoy, por tanto no es extraño que el PP llegue al entendimiento con la formación de Santiago Abascal, y más si se valora la figura de Pablo Casado, más cercana en lo ideológico a Aznar que al anterior presidente de gobierno; por tanto, no tan alejado en su pensamiento del bilbaíno.
La gran disyuntiva se le plantea a C's, un partido, no hay que olvidarlo, nacido en Cataluña para combatir a los nacionalistas cuando todavía se consideraban moderados y atendían por las siglas de CIU. Ahora, al cabo de 12 años de su fundación, se les plantea participar de otro tipo de gobierno en coalición con anticonstitucionalistas y la 2ª fuerza más votada -C's y PP siempre hablan de dejar gobernar a la lista más votada-. Las presiones desde Europa no se han hecho esperar, así que ya veremos si Albert Rivera hace caso omiso del grupo liberal al que pertenece y finalmente se impone su argumento de que urge un cambio de gobierno, a todas luces irreprochable desde la lógica del escrutinio. Puede llamar la atención que esté hablando de Pablo Casado y Albert Rivera cuando realmente a quienes debería de mencionar es a Juanma Moreno y Juan Marín, los líderes respectivos en Andalucía, y quienes deberían de llevar la voz cantante. Pero no, los acuerdos, si llegan, se pactarán en Madrid, en clave nacional, o casi habría que decir catalana, que de eso ha ido realmente la campaña electoral andaluza.
En cuanto al PSOE y Adelante Andalucía, no les queda otra que hacer una profunda reflexión de cuanto ha ocurrido, sin caer en la trampa de la manida abstención al dar por hecha una victoria más desahogada en el caso de los de Susana Díaz, y en la influencia que las huestes de Teresa Rodríguez iban a tener a la hora de conformar un gobierno donde la líder izquierdista iba a tener la última palabra. Y por descontado, Pedro Sánchez por encima de todos, pero también Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias, tienen la enorme responsabilidad de olvidarse de una vez por todas del cortoplacismo de las encuestas, de sus respectivos partidos -"hay que vencer al adversario al precio que sea para colocar a los afines"- y centrarse en los problemas reales de los españoles que son muchos y delicados, en unas palabras: ser consecuentes y creíbles
Vuelvo al principio para mostrar una pequeña pincelada de las contradicciones de nuestros políticos y que echa por tierra la credibilidad de unos y otros. Cuando PP y C's dicen que con los independentistas no se pacta nada, conviene recordar que ambos partidos lograron la abstención del PDeCAT a cambio de facilitarle grupo parlamentario propio. Con ello consiguieron el control de la Mesa del Congreso y por tanto la presidencia de la Cámara para Ana Pastor. Por su parte, el PSOE, o más bien habría que decir Pedro Sánchez, prometía convocar elecciones anticipadas en cuanto prosperara la Moción de Censura, algo que finalmente no cumplió. Si bien, en su descargo, eso fue así, antes de dar inicio a la jornada donde se iba a dilucidar el futuro de Mariano Rajoy, el líder socialista le invitó a dimitir y que pusiera a otra persona en su lugar. Por último, y sin que nadie se pueda sentir ofendido, pues todo el mundo tiene derecho a prosperar, sea conservador, liberal o progresista, Pablo Iglesias cae en la contradicción de un principiante cuando -y con toda la razón- denuncia la desigualdad provocada por la crisis y el desigual coste de la misma para unos y otros, y sin embargo se embarca en la adquisición de un chalet de campanillas valorada en 600.000 €, asunto que no se compadece con el eslogan de "la casta", pues 6 años antes, Pablo Iglesias censuraba a Luis de Guindos, entonces ministro de Economía, por la compra de una vivienda por importe similar, lanzando el famoso tuit de aquel entonces "¿Entregarías la política económica del país a quien se gasta 600.000 € en un ático de lujo?"
Estos son los mimbres que hay para hacer el cesto, es lo que hay. Mientras, a nivel nacional, asuntos como la reforma de la Constitución, del Poder Judicial, la solución al proceso catalán, de una enorme trascendencia y que distorsiona, de qué manera, las formas de hacer política de verdad. Sin olvidar el deterioro generalizado de las instituciones del Estado, los eternos contratos en precario, la temporalidad del mercado laboral, el deterioro del modelo educativo, el futuro de las pensiones, el déficit estructural de la Seguridad Social, el cambio climático y lo que ello conlleva para el futuro, o el tema migratorio, siguen ahí, sin darles una solución política y solo política, por la incompetencia de nuestros representantes. Al tiempo que se pone de manifiesto la incapacidad de los políticos para resolver los problemas de los ciudadanos, cobra más importancia la exaltación patriótica, con el flamear de banderas, la búsqueda de una letra para el himno, o las manifestaciones de unos y otros por preservar su espacio geográfico, sin darse cuenta de que una nación, comunidad, provincia o un pueblo, nada serían sin sus moradores y sus vidas, muchas de ellas enfocadas a la supervivencia. Entre tanto, los ciudadanos andaluces esperan una solución al convulso panorama político. ¿En qué acabará?
lunes, 29 de enero de 2018
De manual
Estuve escuchando con atención las declaraciones del sr. Méndez de Vigo en el programa El Objetivo. A la interpelación de la presentadora en lo referente al tipo de empleo que se estaba creando en España tras la superación de la crisis, el Ministro de Educación apelaba a la cifra de dos millones de empleos recuperados en los últimos cuatro años. Doña Ana Pastor insistía en la baja calidad del empleo que lleva aparejada una remuneración escasa. Ante la obstinación del interrogatorio, el Ministro vino a decir que el Gobierno, y por descontado, la Ministra de Trabajo sra. Báñez, insistían en la necesidad de subir la calidad del empleo nuevo y mejorar los salarios, pero, que eso no dependía del Ejecutivo, sino que el asunto estaba en manos de las empresas y las organizaciones sindicales. Una contestación obvia, de manual desde la perspectiva del liberalismo económico imperante.
Al inicio de 2012, la CEOE y los sindicatos mayoritarios, estaban a punto de cerrar con éxito la negociación salarial. Incluso unos días antes de tomar posesión del Gobierno, los líderes del PP alababan el diálogo y consenso entre ambas partes, a pesar del complicado momento. Curiosamente, a instancias de Bruselas, todo sea dicho, el Gobierno giró radicalmente nada más llegar a La Moncloa, rompiendo ese espíritu de consenso al poner en marcha la Reforma Laboral demandada por la UE, que veía con temor el aumento de la deuda pública/privada española y con ella la inestabilidad del Euro. Lo que vino después con la posibilidad del descuelgue del Convenio Colectivo Sectorial por parte de una empresa, entre otras cosas, está ahí: bajada de salarios, especialmente entre los jóvenes que acceden al mercado laboral (un 33% menos de media que un joven en 2008), el crecimiento de los contratos temporales (hasta ser hoy más de 90 de cada 100 creados anualmente) llegando a más del 25% de temporalidad del total de los casi 19 millones de empleados, cotizaciones de menos horas de las trabajadas en contratos a tiempo parcial. Esto se traduce en que muchos de los empleados sobrevivan a duras penas, o que tengamos menos población activa en gran medida por la emigración, fenómeno que pensábamos lejano en el tiempo. Sin olvidar el crecimiento galopante de la desigualdad (3º país más desigual de Europa), que ha permitido mejorar las condiciones económicas de los más pudientes en detrimento de los más desfavorecidos.
Por tanto, al sr. Méndez de Vigo, conviene recordarle que el Gobierno de entonces decidió intervenir para desregular el mercado laboral (eufemísticamente se le denomina flexibilidad laboral); así que no es de recibo la afirmación de que el Ejecutivo no puede intervenir en el "negocio". La Reforma Laboral de 2012 rompió definitivamente el equilibrio de fuerzas vigente desde al menos la restauración de la democracia. Y debe de admitir que el Gobierno sí puede hacer mucho más en lo referente a la brecha salarial entre hombres y mujeres. Ciertamente es falaz la afirmación que se esconde bajo el manto enorme del liberalismo económico, o sea, esa máxima de que <<cuento menos intervenga el Estado, mejor>>. Y digo yo: Entonces ¿para qué queremos un estado?
miércoles, 10 de enero de 2018
La crisis: tres fechas cruciales
Durante la presente semana están desfilando por la Comisión de Investigación del Congreso, los ministros de Economía de los gobiernos del sr. Aznar y del sr. Zapatero, o sea, los responsables principales de la gestación y posterior estallido de la crisis económica que ha asolado a la economía española (crisis con origen americano y contagio rapidísimo por la globalización imperante). La verdad es que pasados tantos años me quedo sorprendido de que muchos de nuestros políticos se puedan pasmar aún hoy de cómo pudo llegar a ocurrir tal calamidad, cuando los indicios no se le escapaban a ninguna persona con capacidad para la reflexión. En noviembre de 2014 publicaba en mi blog Desde un apartado lugar, este artículo referido al asunto y que vuelvo a sacar a la luz dada su vigencia.
Las crisis, y muy particularmente las económicas, no surgen porque sí. Como ocurre con infinidad de acontecimientos de relevancia histórica, tienen unos antecedentes que hilvanados pueden conducir a un feliz o fatal desenlace. Naturalmente existe más de un condicionante que nos aboca a la dificultad extrema cuando se habla de economía. La actual, no se debe olvidar, es de dimensión mundial con origen en USA, siendo al comienzo de carácter financiero y que llega a su momento álgido con la caída de Lehman Brothers (desregulación del sector, mala praxis, créditos subprime y con ello el aumento de los activos tóxicos, etc.), más tarde pasa a ser económica, obviamente, para concluir en la actual de acusado carácter político y sin que la anterior se haya resuelto por completo. España, como el resto de países de nuestro entorno, no es ajena al statu quo de la globalización, así que la deflagración financiera de 2008 la acusamos entre otras cosas porque aquí se estaban repitiendo los mismos errores que en la otra orilla del Atlántico, con el agravante de que aquí se había apostado al todo o nada de la construcción.
Pero si la crisis iniciada hace 6 años penalizó a casi todos los países con economías de mercado, no es menos cierto que a algunos les ha afectado mucho más, como es nuestro caso. ¿Por qué ha ocurrido? Si echáramos la vista atrás veríamos que todas las crisis con orígenes ajenos, como la del petróleo de 1973 o la financiera de 1993, nos han terminado aquejando en mayor medida que a otras naciones, siendo el paro un termómetro perfecto que casi siempre ha marcado el doble de la media de la UE, lo cual evidencia un grave problema de nuestra economía que es estructural y endémico, y en mi opinión nadie ha valorado como se merece. El mayor inconveniente de nuestra economía es el MODELO PRODUCTIVO, incapaz de generar puestos de trabajo para toda la población en edad de trabajar, o cuando menos de la mayor parte. Por muchas reformas, leyes y desregulaciones que se acometan, si antes no se evalúa un diagnóstico serio y exhaustivo de la actividad económica española dándole una solución en consonancia, ambiciosa en otras palabras, este país está abocado a soportar tasas inaceptables de desocupación, al sufrimiento de millones de compatriotas, a la emigración, al empobrecimiento general y con ello al envejecimiento sistemático de la población ante la incertidumbre futura, derivando en la dificultad extrema de crear familias. El modelo productivo español se sustenta en una alta temporalidad, de ahí la oscilación de bajadas y subidas del paro en sectores como el turístico, agrícola o el de la construcción. Por su parte, actividades tan fundamentales como la industrial, hoy sólo supone el 6% del PIB (en el País Vasco está por encima del 20% y la construcción en su máximo apogeo no llegó a sobrepasar allí el 10%, a lo cual debe añadirse, es cierto, el concierto vasco impositivo, con lo cual se explica su tasa de paro actual en torno del 14%, tasa sensiblemente inferior al resto de la española), sin olvidar que el gasto en I+D+i es irrisorio y se ha reducido drásticamente en estos últimos 3 años, y sectores que podrían ser un filón, como el de las energías renovables, se han dejado de lado. A las pruebas me remito cuando los patronos de las grandes empresas patrias estiman en un 16% el paro estructural, lo cual viene a advertirnos de que en el mejor de los casos no va a bajar de ese porcentaje, más allá de que la economía sumergida y la evasión fiscal lo desvirtúan. Lo que no admitirán jamás sin utilizar eufemismos, es que el MODELO PRODUCTIVO es deficiente.
No obstante, a pesar de todas las carencias de nuestra economía, en España se habrían podido atenuar los estragos de esta terrible crisis si los mandatarios de turno hubieran adoptado otras políticas diferentes, o simplemente no las hubieran acometido. En mi modesta opinión hay tres fechas que ayudan de manera determinante al infortunio.
1ª En 1996 el sr. Aznar gana las elecciones, no tanto por la crisis económica -desde finales de 1995 se venía creando empleo y las previsiones "macro" eran positivas- como por los escándalos de corrupción que asolaban al gobierno del sr. González (¡cómo me suena la cantinela!) Para 1998 y como España no procuraba los suficientes puestos de trabajo que el nuevo presidente había prometido en campaña, en connivencia con el sr. Rato acomete una reforma más ambiciosa con la Ley del Suelo. Simplificando su contenido, la Ley 6/1998 permite a los particulares edificar en cualquier terreno salvo el protegido. El Gobierno aducía la necesidad de liberalizar el suelo y con ello abaratarlo; muy al contrario permitió la entrada de especuladores y bancos, como venía ocurriendo al otro lado del Océano merced a las desregulaciones promovidas por el gobierno afín del sr. Bush, y con ello a la subida incontrolada del precio. La semilla para el desastre de 10 años después estaba plantada. Las entidades crediticias que antes miraban con lupa los posibles préstamos y a sus beneficiarios, particulares y/o sociedades, se embarcan desde entonces en una vorágine donde el dinero circula con escaso control y el Banco de España, haciendo caso al nuevo orden imperante que apela a la máxima de que el Estado cuanto menos intervenga mejor, se muestra más laxo con los mecanismos de control y deja hacer. La política del sr. Aznar incentiva la compra de nueva vivienda promoviendo exencioes fiscales o ayudas, resultando más rentable aventurarse en la adquisición de vivienda que en el ahorro familiar. La gente, con y sin solvencia económica, se embarca en la adquisición de una vivienda propia al ser mucho más fácil obtener crédito. Las constructoras comienzan a mover sus tentáculos para edificar. Con ello se reactivan sectores como el de la fabricación de cemento, ladrillo, tejas, azulejos, pintura, electrodomésticos, etc. También el auge de oficios como carpintería, fontanería, pintura, electricidad, cristalería, decoración, y profesiones como la de arquitecto, aparejador, delineante, notario, así como la profusión de agencias inmobiliarias, constatan la frenética actividad de entonces. Es el tiempo del slogan España va bien, pues al apostar por la construcción como monocultivo -algo insostenible en el largo plazo-, todas las actividades relacionadas toman impulso y facilitan puestos de trabajo extra, incluso termina por atraer a gentes de otros países que ayudan a la prosperidad nacional; y también, por qué no decirlo, comienza a poner los cimientos para que las corrupciones especulativas en torno a la construcción pública, ahora en candelero -más de un 80% de los delitos están relacionados directa o indirectamente con el ladrillo- hagan su agosto durante los años del boom.
2ª En enero de 2002 el euro entra en circulación física en España, si bien desde enero de 1999 ya se venía utilizando como moneda de cambio. Muchos expertos se refieren al hecho como un error de bulto teniendo en cuenta que no había unidad monetaria, fiscal y bancaria; es decir, que la nueva moneda debería ser la consecuencia de la convergencia de aquellas tres palancas y no la piedra angular, algo así como no empezar la edificación por el tejado. 12 años después (hace sólo unos días) se acaba de realizar la unión bancaria, quedando por concluir la fiscal, y si me apuran, la monetaria. Los dirigentes de entonces se extasiaron ante la realidad de poder competir por medio de la nueva moneda con el reverenciado dólar. Para los países del Sur con monedas de cambio raquítico, como Italia, Portugal, Grecia y la propia España, a la larga ha supuesto una rémora difícilmente cuantificable. En el particular caso de España, según algunos economistas, de 1998 a 2007 el euro infló la burbuja inmobiliaria hasta incrementar el precio de la vivienda un 177%. Yo me atrevo a enmendarles la plana y digo que he visto vender un piso que en 1997 valía 12.000.000 de pesetas (al cambio 72.121 €) por 240.000 € en 2006, o el apartamento de un amigo que le había valido 48.000 €, venderlo medio año más tarde por 54.000€. Al entrar en el euro, los bancos españoles tuvieron muchas más facilidades para acceder al préstamo (muy particularmente al de los bancos alemanes) debido a los bajísimos tipos de interés en comparación con los propios en la etapa de la peseta. La liberalización y no intervencionismo era la norma, pues si aquí se empezaba a hacer la vista gorda por parte del Banco de España, en el Deutsche Bundesbank alemán debía de ocurrir otro tanto, ya que jamás se preocupó de comprobar si ese exceso de crédito tenía solidez y era susceptible de reponerse en el futuro si un día llegaba el apalancamiento del dinero. Muy al contrario, la entrada en el euro supuso para las clases baja y media un esfuerzo titánico a fin de competir con nuestros vecinos de más allá de los Pirineos, con sueldos medios superiores. Recordemos aquellos primeros días de enero del 2002 con los redondeos que no eran tales sino subidas encubiertas de casi todos los productos. A pesar de la frenética actividad económica de esos primeros años del euro, los salarios no crecían con la misma celeridad que el metro cuadrado de suelo. Pero ahí estaban las entidades crediticias españolas dispuestas a reparar el desequilibrio con tal de sacar la tajada a costa de los intereses de millones de préstamos en la creencia de que la inversión en vivienda era un valor seguro, pues siempre subía y subía su precio sin parar. Y el gobierno del sr. Aznar estaba satisfecho porque los impuestos que llegaban al Estado iban en aumento y la población ocupada también. Hago aquí un inciso -perdón por la osadía- para decir que en 2001, antes de acuñarse la nueva moneda física, yo ya vaticinaba el descalabro, más tarde o más temprano, y no por todo cuanto estoy diciendo, que también, sino por la sencilla razón de que no se pueden edificar indefinidamente en torno a 800.000 viviendas por año porque llegará un momento en que estén cubiertas las necesidades de toda la población, incluida aquella que precisa de 2, 3 y hasta 4 para vivir. Y creo que cualquiera con sentido común lo veía, otra cosa es que no se quisiera matar a la gallina de los huevos de oro en el temor de desbaratarse el castillo de naipes en que se sustentaba la economía española.
3ª En 2004 el sr. Zapatero gana las elecciones. El momento económico es idílico. Hay una tasa de desempleo relativamente baja (en 2007 se alcanza la mínima histórica en torno al 7,8%), el déficit anual es 0 (en 2006 se alcanzan cifras de superávit próximas al 3%) y la población activa crece hasta cotas históricas (en el 3º trimestre del 2007 se alcanzan los 20.000.000 de ocupados). Con este panorama tan brillante ¿era el momento de pinchar la burbuja? Sin duda. El gran error del sr. Zapatero, por encima de reconocer tardíamente la Crisis, fue no haber pinchado el globo cuando aún había tiempo, posiblemente nos hubiéramos evitado algunas de las penalidades. El PP no podía pincharlo por la sencilla razón de que así admitía su tremenda equivocación al hincharlo hasta límites insoportables. El PSOE lo pudo hacer -el sr. Zapatero se lamenta ahora amargamente de no haberlo hecho-, pero acababa de llegar al Gobierno y se dejó arrastrar por la inercia, pensando que el tiempo de vino y rosas se prolongaría muchos años más; y por descontado, haber pinchado la burbuja del ladrillo cuando España iba como un cohete, le hubiera supuesto su derrota en las elecciones del 2008.
viernes, 8 de diciembre de 2017
El bucle de las pensiones
La influyente y en ocasiones metomentodo OCDE, predice que España se convertirá en el segundo país más envejecido de la Tierra hacia el año 2050, con 3 pensionistas por cada 4 personas en edad de trabajar. Indica que "las pensiones son muy altas en comparación con las de otros países de la Organización, y que debería de retrasarse la edad de jubilación para mantener la viabilidad del sistema". Añade para justificar la reflexión en torno a la edad de dejar de laborar, que, "en el año 2050, habrá 76 pensionistas por cada 100 habitantes en edad de trabajar".
A la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico con sede en París, no le falta razón al poner en tela de juicio el actual sistema español de pensiones; sin embargo, solo aconseja la medida facilona y drástica de aumentar la edad de jubilación; aunque también podría añadir la otra tan simple e igual de dramática de reducir su cuantía, algo sugerido por otras organizaciones en precedentes informes. Digamos que la Organización encargada de difundir los informes PISA va de la mano de otras organizaciones mundiales, europeas y patrias, que abogan por una única vía, cual es la de condenar, y de esa manera culpabilizar en exclusiva a los trabajadores del desajuste que ha de acabar con el actual sistema.
Las preguntas que deberían de plantearse muy seriamente los políticos que nos representan, los que gobiernan y quienes ocupan la Oposición, son: ¿hay otras alternativas menos drásticas y no tan nocivas para la ciudanía? ¿Hay espacio para explorar vías menos dañinas y al mismo tiempo más fructíferas para España, al margen de las de cortar por lo sano? ¿Las hay de veras? Yo creo que sí. Otra cosa es que vayan a ser fáciles y baratas.
Desde que España se convirtió en miembro de hecho de las Comunidades Europeas, hace casi 32 años, no ha hecho otra cosa que mantener e incluso afianzar su modelo productivo en torno a las directrices emanadas desde la vieja Europa. A cambio, y durante un montón de años, España se convirtió en país receptor de fondos que solo en parte ayudaron a vertebrarlo, acercándonos al nivel de vida de nuestros vecinos del Norte. Sin embargo, otra buena parte de esos dineros que deberían de haber cohesionado el territorio nacional, se despilfarraron en infraestructuras e incluso monumentos insostenibles en el largo plazo. Aquel capital como llovido del cielo, nunca se llegó a invertir en explorar nuevas actividades económicas que vinieran a diversificar e hiciera aumentar el valor añadido en el mercado laboral de entonces, más allá de los sectores con real capacidad de crear empleo, como la construcción, la agricultura/ganadería o comercio/hostelería, sectores expuestos al albur de un positivo ciclo económico, a la benignidad del tiempo atmosférico o a la temporalidad/precariedad de las personas contratadas.
A punto de finiquitar el 2017, ninguno de nuestros políticos se ha planteado seriamente un cambio del modelo productivo (es el gran problema de España, confirmado a través de los años por la tasa de paro que casi siempre dobla a la europea), como mucho lo ha sugerido, sin poner sobre la mesa acciones concretas que profundicen en la generalización de otras actividades económicas, y así minimizar los embates de una nueva crisis que se lleve por delante el monocultivo de la hostelería. Hay varios factores de índole económica que la dificultan, entre ellas el cumplimiento a rajatabla del déficit público con Europa. Pero, si no hacemos nada al respecto, si no se aborda de una vez por todas un cambio radical al respecto, España y sus pensiones están abocadas al fracaso, al empobrecimiento paulatino de sus jubilados. Mejor prevenir, porque el remedio, estoy convencido, va a resultar mucho peor que la enfermedad.
Medidas tan controvertidas como la Reforma Laboral de 2012, que nos vendieron como la panacea perfecta para crear empleo constante a partir de un crecimiento del 1,5 %, que iba a servir para afianzar la contratación indefinida, además de favorecer el empleo de los más jóvenes, se ha mostrado errática e insolidaria, permitiendo ahí donde no imperaba el Convenio Colectivo Sectorial, la bajada de salarios, el fraccionamiento de trabajos, cuando no el laboreo de horas sin cotizar. Todo ello ha propiciado una bajada sustancial en las cotizaciones a la Seguridad Social y el empobrecimiento generalizado del País, de ahí su competitividad a la hora de exportar. En resumidas cuentas, la drástica reforma de 2012 perjudica notoriamente las opciones de emanciparse y de crear una familia.
Para terminar quiero decir que todo cambio radical requiere dinero. Cientos de miles de españoles han tenido que endeudarse cuando se plantearon abrir un comercio, una industria u otro negocio. Si nadie hubiera estado dispuesto a endeudarse, muchos empresarios y autónomos no existirían, solo los ricos de nacimiento o por herencia. España, estoy completamente convencido, tiene parcelas por explorar con un valor añadido que no ofrecen otras actividades. Ahí están las renovables, la investigación en el campo de la biomédica, en el sector de las nuevas tecnologías y la robótica, e incluso volver sobre industrias ya abandonadas. De todos modos, son los expertos quienes deberían de tener la última palabra a la hora de apostar en serio por un cambio radical de nuestro modelo productivo. No hacerlo supondrá en el largo plazo la disolución del sistema actual de pensiones.
lunes, 26 de junio de 2017
¡Sin complejos!
Hoy hace un año que el PP ganó las últimas elecciones. Amplió el número de diputados hasta casi los 140, aunque quedándose lejos de la mayoría absoluta. Para investir de nuevo al sr. Rajoy como presidente de todos los españoles, los populares necesitaron la abstención del PSOE y suscribir varios acuerdos con C's, entre ellos la creación de una Comisión de Investigación referida a la presunta financiación irregular durante más de dos decenios del partido con sede en Génova 13. Entonces el PP no puso objeción alguna.
Un año después, el partido en el gobierno se desdice, y lo que antes valía (rubricado como condición imprescindible por ambas formaciones), ahora ya no, a pesar de que si hoy don Mariano es presidente, se debe, entre otras causas, a haber aceptado que su formación fuera investigada en sede parlamentaria. De nada les vale la clamorosa mayoría de diputados -ellos incluidos, para no quedarse solos- aprobando la creación de la C. de I., pues su Vicesecretario General, el sr. Martínez Maíllo, anuncia ahora la intención de su partido de recurrir al Tribunal Constitucional. Por su parte, la Mesa del Congreso rechazará tal propósito.
A primera vista parece un despropósito mayúsculo que viene a confirmar el nulo interés de los populares por la transparencia y la colaboración, afianzando en el imaginario de la ciudadanía, la poca sensatez -palabra favorita de nuestro presidente- y mínima credibilidad de quienes nos gobiernan.
En resumidas cuentas, este episodio empobrece un poco más la calidad democrática de los servidores públicos, confirmando de nuevo que al partido que ostenta el gobierno de España, no le importa incumplir los acuerdos si no son de su agrado, aunque previamente se haya servido de ellos para alcanzar sus objetivos.
domingo, 23 de abril de 2017
¿Hay alguien ahí?
Lo que se está destapando y cuanto pueda salir a la luz referido a la Comunidad de Madrid, es un nuevo jirón en la piel de toro de nuestra España, aunque ya no nos sorprenda. Lo que de verdad asombra, es la utilización indisimulada por parte del PP en el Gobierno (el de Génova 13, el nacional) con respecto a la Fiscalía Anticorrupción, o eso parece, a tenor de los movimientos de esta, orientados a obstruir la acción inherente a ella, que no es otra que la acusatoria, cuando hay pruebas que la acreditan.
El pasado 22 de febrero, el sr. Manuel Moix era nombrado Fiscal Jefe de la Fiscalía Especial contra la Corrupción y la Criminalidad Organizada, por el Consejo de Ministros, a propuesta del Fiscal General del Estado, don José Manuel Maza. Un nombramiento que desaconsejaba la Unión Progresista de Fiscales vistos sus antecedentes más inmediatos, además del escaso bagaje en la esfera de los delitos de corrupción, algo insólito en los últimos años para nominaciones de ese tenor. Ya en una grabacion del verano pasado, el sr. González, ahora en prisión, y el ex ministro, sr. Zaplana, se congratulaban de su futuro nombramiento, lo que da idea de la cercanía del nuevo fiscal hacia Génova, algo por otra parte que ya no nos puede pillar de sorpresa, pues en tiempos muy concretos de gobiernos del sr. Felipe González y del sr. Aznar, ocurría algo parecido. No obstante, el descaro con el cual parece actuar este PP en minoría, me parece a mí que alcanza la mayor de las desvergüenzas, sino distorsiona descaradamente la independencia del tercero de los poderes.
El sr. Catalá, a día de hoy ministro de Justicia, y probablemente el más político del ramo en los últimos años, además de un pésimo servidor público, es quien está abogando por nombramientos de personas próximas al Gobierno; así que no es extraño que políticos de su bando, presuntamente corruptos, como no hace mucho el sr. Sánchez en Murcia, o ahora el sr. González, supieran que se les investigaba. Ni tampoco que el Ministro apostara decididamente por la destitución de la sra. Consuelo Madrigal, para poner al sr. Maza al frente de la Fiscalía General del Estado. Al sr. Maza, o esa parece la intención, se le ha encomendado la ardua tarea de minimizar los múltiples golpes judiciales contra el PP (el nacional), aminorando en lo posible el desgaste del sr. Rajoy y de su gabinete.
En dos meses que se han cumplido ayer desde el nombramiento, el sr. Moix ha pisado varios charcos que en un país de nuestro entorno serían un escandalazo. Los últimos, que ordenara, o mejor, intentara, evitar los registros en la sede del Canal de Isabel II, algo que no logró gracias a la resolución de la Junta de Fiscales que revocaba tal disparate. Lo segundo, que a cambio de la revocación, al sr. González no se le imputara el delito de integrar una asociación criminal, finalmente objetivo alcanzado; aunque creo que el juez, el sr. Eloy Velasco, no va a tragar con algo tan obvio.
Todo esto no ocurriría si hubiera una auténtica voluntad política de acabar con esta lacra que corroe los cimientos del Estado. Esa voluntad, por mucho que el PP (el nacional, el de Génova 13), nos la predica a la mínima oportunidad, recordándonos sus "innumerables" resoluciones para atajarla, de su disposición a la transparencia y de colaboración incondicional con la justicia, queda desmentida por los acontecimientos recientes de Murcia y Madrid, sin olvidarnos, del registro por más de 13 horas en Génova, al no facilitársele la documentación requerida al Juez Ruz; el destrozo a conciencia del ordenador del sr. Bárcenas o del Partido, que ya ni se sabe; o ese despido en diferido del Tesorero, con derecho a despacho, coche oficial y secretaria, amén de un sueldazo de campanillas, cuando "estaba despedido". Por no recordar que el PP es quien acordó reducir el tiempo de investigación (casos complejos incluidos) a 6 meses.
Lo más sangrante para los españoles que sí queremos transparencia, ética y buen manejo de los dineros públicos, es que los partidos de la Oposición, están más para mirarse al ombligo (partitocracia), que para limpiar la infesta que aqueja a todas las instituciones del Estado. Parecen incapacitados para buscar la unanimidad, al menos en un asunto tan feo como es el de la corrupción, temiendo que la contundencia en la crítica, o "el arrimo" a partidos con postulados opuestos, les pueda contaminar, haciéndoles perder votos. La unión incondicional de los grupos opositores en este asunto, pidiendo la reprobación del sr. Moix sería, creo no equivocarme, suficiente motivo para que el PP lo descabalgase y pusiera a alguien, si no independiente, al menos que no se le viera el plumero con tanto descaro.
A lo que se ve, los tiempos de oposiciones responsables y contundentes, como fueron en su día las del sr. González y del sr. Aznar, ya no están de moda, aunque sobren los motivos para reclamarlas: ¿De verdad hay alguien ahí? ¿De verdad existe la Oposición, o es un espejismo? El sr. Rajoy debe de frotarse las manos ante un control al gobierno errático, y la desunión de quienes representan a casi el 67% de los españoles.
martes, 28 de marzo de 2017
El dilema
¡No tienen un pase! Desde un ámbito estrictamente político, las grabaciones desclasificadas (Cortesía de la Cadena Ser), que comprometen la honestidad del presidente de Murcia, sr. Sánchez, no tienen un pase. Es posible -lo ignoro-, que judicialmente no lleguen a tener mayor recorrido.
En la conversación del 21-10-2014, mantenida entre don Alejandro de Pedro, conseguidor de la Púnica, y su socio, don José Antonio Alonso Conesa, se desvelaba el acuerdo para lavar la imagen del entonces Consejero de Cultura del gobierno murciano en las redes sociales, todo a cambio de 3.000 €/mes pagados, presuntamente, con fondos públicos. El acuerdo no se llevó a efecto porque 6 días después, el 27-10-2014, se ponía en marcha la Operación Púnica -es más que probable que algún otro dirigente murciano se vea salpicado en los próximos meses por episodios similares-. En este, como en otros muchos casos de utilización de las instituciones en beneficio propio, o de comportamientos poco ejemplares, vuelven a confundirse las responsabilidades política y judicial, cuando la primera jamás debería de estar supeditada a una resolución en firme de la segunda. Los exministros, sres. Fernández Díaz, Mato o Soria; la exalcaldesa recientemente fallecida, sra. Barberá o los exdiputados sres. Martínez Pujalte y De la Serna -estos últimos dejaron de integrar las listas electorales del PP-, asumieron o les hicieron asumir un coste político (en el caso del sr. Fernández Díaz, a medias), que acaso nunca lleguen a pagar judicialmente, al menos es seguro no lo hará la dirigente fallecida.
El sr. Sánchez está investigado (el equivalente a la figura anterior de imputado) por las escuchas, pero también por el caso auditorio de Puerto Lumbreras, desde comienzos del mes pasado. C's, que le sostiene en el poder al no contar con la mayoría absoluta, le dio un ultimátum al PP para que antes del día de ayer buscara a otro presidente, bajo la amenaza de una Moción de Censura, a fin de hacerse cumplir el acuerdo de gobernabilidad en su apartado de corrupción. El PP ha incumplido el acuerdo, manteniendo al sr. Sánchez al frente del gobierno, mientras no haya una resolución judicial que lo condene. Los otros dos partidos, PSOE y Podemos, ya han llegado a un acuerdo para la Moción de Censura, pero necesitan el apoyo de C's, que también contempla la M.C., aunque no para cambiar el color del ejecutivo, sino para ir a nuevas elecciones, algo difícil de entender en el momento presente, más aún si el PP optase por unas nuevas elecciones y volviera a poner como cabeza de cartel al propio sr. Sánchez.
Si algo ha caracterizado o caracteriza al partido del sr. Rivera, es su lucha sin cuartel contra la corrupción y su afán de regenerar la vida política. Pero choca con un problema casi insoluble que le puede llevar a contradicciones de peso, y de rebote a un desgaste tremendo; con eso está jugando el PP (como antes lo hizo con el PSOE a cuenta de la investidura del sr. Rajoy). Los populares murcianos, como los de Génova 13, saben que C's jamás va a pactar con el partido del sr. Iglesias -probablemente, de no estar representado Podemos en Murcia y sí otra fuerza, por ejemplo un grupo regionalista, el PP ya hubiera elegido un sucesor, pues C's se sentiría libre para apoyar una M.C. que facilitara un cambio de gobierno-. La estrategia de los populares es la "eliminación" de su enemigo natural, propiciando sus contradicciones y actuaciones erráticas; y si puede ser, aprovecahando donde más les duele, o sea, en el asunto de la corrupción, para que se les vuelva en su contra, como si de un boomerang se tratara.
El dilema está ahí, y tomen una decisión u otra, el desgaste va a ser tremendo. C's ha sido suficientemente tolerante con el PP, dándole de plazo hasta ayer para que cambiase de presidente. Los populares han hecho oídos sordos, incumpliendo el pacto de gobernabilidad, a pesar de la palabra dada por el propio sr. Sánchez. Por otro lado, podría sondear la posibilidad de unirse a PSOE y Podemos para un cambio de gobierno, pero un acuerdo con las huestes moradas podría acarrearle una sustancial pérdida de votos. Con esta disyuntiva, ¿es mejor "salvar" al Partido y permitir que el PP siga gobernando, a costa de una pérdida de credibilidad con respecto a su lucha por la regeneración? ¿Es preferible unirse a los dos partidos alternativos para facilitar un gobierno distinto, sin integrarlo? ¿Alguien tiene la solución?
lunes, 20 de marzo de 2017
Las reglas del juego
Desde la semana pasada nuestro presidente muestra el gesto contrariado, además de un inusual enfado, algo impropio en hombre tan templado. Y es que casi la totalidad de la Oposición votaba a favor de derogar el Real Decreto Ley que ponía fin al monopolio de las SAGEP (Sociedades Anónimas de gestión de estibadores portuarios). Con la asiduidad de la que antes no hacía gala, en tiempos de su mayoría absoluta, trata, a través de los medios de comunicación y en el propio Congreso de los Diputados, de inculcar en el resto de fuerzas, el valor de la responsabilidad, como también evitar a España más ridículos ante Europa. Y amenaza, de forma velada, con convocar nuevas elecciones si no se garantiza la estabilidad de su gobierno. Así que apela al cumplimiento de las reglas del juego, como si únicamente fuera responsabilidad del resto de fuerzas, porque el PP (el nacional, el que gobierna desde la Moncloa y los distintios ministerios, quede claro) asume y entiende que ya las cumple.
Conviene recordarle al sr. Rajoy, que, un no tan lejano 12 de mayo de 2010, cuando el sr. Rodríguez Zapatero "empezaba a cavar su tumba" anunciando en sede parlamentaria medidas que presagiaban los más duros recortes de la historia hasta ese momento, pues así lo ordenaba la UE para poner fin al déficit galopante producto de la crisis, su partido votaba en contra, a pesar de que, de no haber salido adelante el paquete de medidas -se aprobó con la única ayuda del entonces grupo catalán CIU-, nuestro país estaba abocado a la intervención, o cuando menos a unas nuevas elecciones; y el entonces Jefe de la Oposición lo sabía, pero prefirió no colaborar, siendo la situación más delicada, incomparable a la actual. Pero tampoco debe ignorar nuestro presidente a este respecto -a pesar del disgusto con su socio preferente-, que C's le pidió más tiempo para estudiar con detenimiento el contenido de la resolución; al fin y a la postre, las huestes del sr. Rivera llevaban en su programa la liberalización del sector. En mi opinión, el sr. Rajoy no puede apelar ahora al pacto de investidura, entre otros motivos porque el asunto de la Estiba no se contemplaba. No obstante, tiene bemoles que nuestro máximo representante no caiga en la cuenta de que ya no cuenta con la mayoría absoluta, y que eso le obliga, quiera o no, a dialogar, de verdad, para llegar a acuerdos; lo que la Oposición no va a hacer es sentarse para verse las caras y luego decir amén a todo.
Sin embargo, donde menos pone en práctica las reglas del juego, es en el anteriormente mencinado pacto de investidura -que no de gobierno-. El sr. Rajoy da largas al catalán en asuntos de tanta enjundia, como la Comisión de Investigación de la financiación del PP, la de dos únicos mandatos para un presidente de gobierno, o la dimisión de cargos públicos cuando estén imputados (véase el caso de Murcia). Al respecto -no debe haber la mínima duda de que al PP le interesa la laminación de C's al estar compitiendo en un espacio electoral común-, alguno de sus dirigentes más relevante hablaba del pacto de las lentejas -rebajando la trascendencia del acuerdo- para que don Mariano Rajoy pudiera ser de nuevo presidente.
Conviene tener en cuenta que el monopolio de la Estiba se remonta a la época de Franco. No obstante, para el recuerdo queda la ley 48/2003 del gobierno del sr. Aznar, aprobaba un 26 de noviembre de 2003, ley para el régimen económico y de prestaciones de servicios de los puestos de interés general, por la cual, la Estiba, hasta entonces estatal, "pasa a convertirse en un tipo de servicio portuario básico, concebido como actividad comercial de interés general cuya iniciativa corresponde a los particulares". Desde ese momento, "las sociedades de Estiba pasan a ser sociedades de empresas portuarias"; por tanto, "dejan de ser monopolio público para convertirse en monopolio sindical", o sea: "se cataloga como un servicio profesional privado, empezando así las denuncias sobre la ilegalidad que supone restringir la competencia en este ámbito privado". En 2011 la UE advierte de la incompatibilidad de las SAGEP con el mercado libre imperante en Europa. El PSOE no está en condiciones de atender las demandas comunitarias con la que está cayendo, y a punto de ser desalojado del poder. Con su mayoría absoluta, el PP está en disposición de abordar el problema, pero sabe que los estibadores, como los controladores aéreos, tienen un poder enorme para poner patas arriba España. El PP no quiere saber nada de una paralización de mercancías en los puertos españoles y menos tras sus drásticas e impopulares medidas de recortes. En sentencia firme de diciembre de 2014, la UE obliga a liberalizar el sector o a apechugar con una multa diaria de 134.107,2 €. El gobierno del sr. Rajoy pudo acometer en solitario la reforma del sector gracias a su mayoría absoluta, pero no solo renunció, sino que en fecha de 2 de abril de 2012, el Ministerio de Fomento defendía el modelo de las SAGEP.
Los sindicatos y la patronal del sector, estaban intentando llegar a acuerdos hace mucho tiempo, tal vez demasiado, pero eso no es excusa para que el Gobierno, unilateralmente -como hizo en su momento con la Reforma Laboral de 2012-, diera por concluidas las negociaciones, pues tuvieron 4 años de mayoría absoluta para culminar una reforma que agradara a nuestros socios comunitarios. Lo que sucede es que a partir del próximo día 24 se pueden ir sumando los más de cien mil € de multa diaria, y el sr. Rajoy no quiere más tirones de oreja por parte de Europa, al tiempo que desea que el resto de fuerzas políticas se retrate. Lo que se le olvida al sr. Rajoy, es que para llegar a consensos, cuando su partido está representando a solo un tercio de los votantes de junio pasado, hay que dialogar mucho, armarse de paciencia y manejar la flexibilidad, algo de lo cual dudo, teniendo en cuenta el resbalón de su ministro de fomento, el sr. De La Serna, que a lo que se ve no traía los deberes hechos. Pase lo que pase se terminará llegando a un acuerdo, un acuerdo, me temo, que va a suponer a las arcas públicas un buen pellizco, por no hacerse las cosas con sensatez (esa de la cual hace gala el sr. Rajoy) y a su debido tiempo.
jueves, 23 de febrero de 2017
A Dios rogando...
... Y con el mazo dando. No, no me estoy refiriendo a políticos patrios, declarados católicos como los sres. Fernández Díaz o Trillo, no; hablo nada menos que de la Comisión Europea, repitiendo lo argumentado, una vez sí y otra también, por sus colegas del FMI, o sea: la vulnerabilidad de la economía española enfrentada a coyunturas adversas, como el incremento del precio del petróleo, subida del IPC, o la finalización (algún día se llevará a cabo) de la política ultraexpansiva por parte del BCE, con la consiguiente subida del precio del dinero y/o dar por terminada la compra de un buen pellizco de nuestra deuda, lo que conllevaría el aumento de la prima de riesgo, quién sabe si al nivel desenfrenado de los años más duros de la crisis. Por si los argumentos esgrimidos desde la autoridad de Bruselas no fueran preocupantes, añade lo que ya sabíamos pero admitimos resignados como inevitable: que en torno a un 30% de nuestros compatriotas están en riesgo de exclusión social, un 13,1 % de quienes trabajan son pobres, o que España sea uno de los países de la UE con más desigualdad; y añade, aquí viene lo bueno, el excesivo uso de los contratos temporales que afecta a la pujanza económica, ahondando en esa referida vulnerabilidad. Sin embargo, admite que la Reforma Laboral del 2012 ayudó a que no se hubieran destruido 400.000 puestos de trabajo; vamos: que da la de cal y la de arena.
La Comisión Europea no deja de afearnos nuestra incapacidad para reducir la deuda pública que se mantiene en niveles inasumibles, muy capaces de dar al traste con la recuperación económica ante cualquier adversidad. No obstante, parece mostrar ceguera al no percatarse de que, justamente la Reforma Laboral -aún reclama más reformas para flexibilizar un poco más el mercado laboral- fomenta la contratación en precario, con bajos salarios que vienen a añadirse a la estacionalidad endémica de muchos sectores productivos, ahondando así en la economía sumergida que no cotiza a la Seguridad Social; favoreciendo, esta, y los bajos salarios que si cotizan, las escasas expectativas de poder cubrir las necesidades mínimas con decoro: sanidad, educación, dependencia y pensiones. A España se le ha marcado el camino para ser competitivos y salvar la macroeconomía, y el camino es el de reducir los costes laborales para facilitar la exportación (un poco al estilo chino pero bajo el paraguas de la UE), sin ningún valor añadido. Por tanto, será complicadísimo bajar la deuda nacional y mantener sostenible el régimen de pensiones.
Para remate, en la esfera de la corrupción dice: "A pesar del aumento de las investigaciones no se han puesto en marcha estrategias preventivas", lo que contradice ese supuesto empeño del PP por atajarla. Continúa: "Los cambios legislativos de 2015, además, limitan temporalmente las investigaciones y podrían provocar impunidad en los casos más complejos de corrupción". Aquí se refiere a la Ley de Enjuiciamiento Criminal que limita el periodo de investigación a 6 meses, prorrogables a 18 en algunos casos.
España es hoy -es mi opinión muy particular y por tanto discutible-, un país más vulnerable que al inicio de la crisis; y si no lo fuera, creo que lo seríamos una buena parte de los españoles de producirse una nueva recesión económica. Y por si no fueran suficientes los motivos para la preocupación, a estos se añade un irrespirable tufo de corrupción que amenaza con laminar el crédito de cada una de las instituciones del Estado. España hiede a podredumbre (también a hartazgo) de Norte a Sur y de Este a Oeste, sin que el Gobierno tome cartas en el asunto de verdad ni asuma su responsabilidad política, y con los partidos de la Oposición inoperantes, invalidados para tal menester, por estar más preocupados en tirarse unos a otros los trastos a la cabeza, que por centrarse en su papel y solicitar al Ejecutivo su rendimiento de cuentas. Mientras, las autoridades europeas y los gerifaltes del FMI, ruegan a Dios, perdón, quise decir a la Macroeconomía, indulgencias plenarias, golpeaando a un tiempo con el mazo, sin compasión, sobre la Microeconomía, la que de verdad afecta a los ciudadanos.
martes, 14 de febrero de 2017
Otra vez
Si tratáramos de buscar el papel más idóneo en una película para el presidente Trump, creo que habría casi unanimidad reservándole el de pistolero más rápido del viejo Oeste. Pido perdón a quienes se puedan sentir ofendidos si me he excedido en el sarcasmo, pero el personaje me supera y prefiero dejar a un lado la decena de calificativos que adornan su quehacer diario y describirlo de un brochazo, o mejor decir, pincelada, que queda más fino.
Todavía no lleva un mes en el cargo y empieza a poner patas arriba todo el engranaje de la nación más poderosa del Planeta, una nación de naciones (o si se prefiere estados) que durante muchos años ha sido referente de las democracias occidentales y espacio inmenso de oportunidades donde han convivido, con mayor o menor armonía, anglosajones, afroamericanos, latinos, aborígenes, asiáticos o irlandeses.
Nada más tomar posesión del cargo firmó la derogación del Obamacare sanitario. Después se han ido precipitando los acontecimientos: próxima construcción del muro fronterizo con México, la prohibición para entrar en USA de nativos procedentes de 7 países islámicos (curiosamente no estaban vetados los de Arabia Saudí), constantes enfrentamientos con el estamento judicial y la amenaza de cambiar las leyes para aminorar la autoridad del tercer poder, vetos y encontronazos permanentes con la prensa, desencuentros con un amplio sector femenino, indisimulados enfrentamientos verbales con presidentes o primeros ministros de otras naciones, como el de Australia. En la vorágine de su papel presidencial, y que tal vez haya pasado desapercibido para la ciudadanía por otros asuntos más llamativos, siendo de una trascendencia suprema -ojalá me equivoque-, son los primeros pasos en la enésima desregulación del sistema financiero, como hicieran antes y en parte, algunos presidentes en el primer tercio del siglo XX, contribuyendo al Crac del 29; o Ronald Reagan durante su mandato 1980-88, secundado en menor medida por Bill Clinton; y más tarde y de manera desbocada por George Bush tras el ataque del 11S, con el desenlace de una crisis financiera sin precedentes. No es extraordinario que la bolsa de Wall Street haya aplaudido las plusvalías catapultada por las subidas de los bancos, entusiasmados con la perspectiva de volver a hacer casi cuanto quieran sin que nadie le toque las narices.
Siendo todo de pronóstico reservado, y ya se verá si con consecuencias funestas para la renqueante economía europea, lo que más debiera de atemorizarnos es una nueva espiral de guerras. Una de las principales industrias de USA es la armamentística. Desde la perspectiva del lucro y el desarrollo militar, al País puede convenirle un nuevo estado de beligerancia. Yo espero y deseo que esto no sea así. De triste recuerdo y consecuencias que aùn hoy pagamos, son las intervenciones en Afganistán y particularmente en Irak. Pero el Comandante en Jefe de las fuerzas armadas es el señor Donald Trump, y su carácter irascible -perdón por reiterarme-, así que yo no descarto que la chispa se encienda a resultas del lanzamiento de un misil en Irán, una prueba nuclear subterránea en Corea del Norte o unas maniobras militares rusas cerca del estrecho de Bering (esto es más hipotético, pero en ocasiones conviene distender el ambiente), o cualquier otro atisbo de testiculina desbocada, que puede encender la mecha, la excusa perfecta para dar nueva carta de naturaleza a los fanáticos que se reagrupan y sobreviven como nadie en medio del caos.
De momento el presidente Trump le ha pedido al nuestro, que doble el presupuesto de defensa, pasando de los casi 8.000 millones de € actuales a los 16.000. Supongo que nuestro presidente le habrá advertido que la UE nos marca de cerca sin que podamos sobrepasar el déficit, y que tiene millones de compatriotas que lo están pasando mal, esperando ayuda como agua de mayo. Pero eso es harina de otro costal. La conclusión es que el sr. Trump va avanzando a los aliados europeos sus intenciones de rebajar su aportación a la OTAN, y no para ahorrar, por el contrario su propósito es incrementar sustancialmente el presupuesto en defensa ¿para qué será entonces?
Confiemos en que no haya más duelos a muerte, otra vez no, por favor, pero si termina habiéndolos, solo nos quedará por descubrir quién será el más rápido en desenfundar, ¿acaso el sr. Trump?
viernes, 3 de febrero de 2017
La carcoma, el miedo...
(3 de febrero de 2017)
Decía Antonio Escohotado que "el conformismo es la forma moderna del pesimismo"; si bien, algunos años antes de Jesucristo, el mismo Cicerón decía: "la costumbre de decir sí me parece peligrosa y resbaladiza". Frases del tenor de "el hábito hace al monje", "el hombre es un animal de costumbres" o "hay que conformarse con lo que venga", me parecen a mí incompatibles con la condición de seres humanos libres que asumimos desde nuestro nacimiento. El conformismo va en contra del afán de superación, alienta las injusticias y colabora definitivamente en el amodorramiento, primero de la sociedad, y a continuación de las naciones.
Cuando optamos por el silencio en lugar del compromiso, decidimos decir sí a todo y tragamos con carros y carretas, no hacemos otra cosa que afianzar la perpetuación y la capacidad de influencia por parte de personas que no se lo merecen y hasta pueden resultar nocivas, -sean políticos, famosos, empresarios o de cualquier otra condición- en el poder, en el mundo de la televisión, del dinero o de cualquier otra índole.
El conformismo ya está aquí y destruye como la carcoma. Nos conformamos con lo que tenemos. Por ejemplo con nuestro planeta, condenado a la muerte si no se remedia antes, por el poder depredador y contaminante de las empresas petroleras, capaces de influir hasta el extremo de arrinconar a las energías renovables, aunque todos terminemos sucumbiendo al cáncer. Admitimos con naturalidad los paraísos fiscales como algo inevitable, aunque quienes se aprovechan estén hurtándonos una buena parte del porvenir. Y nos conformamos con tener un país de personas mayores, cada vez con menos población, en el cual los jóvenes lo tienen muy difícil para emanciparse o formar una familia, entre otras cosas porque la reforma laboral de 2012 los condena a la incertidumbre y en muchos casos al ostracismo. Asumimos que España tenga más de 14 millones de ciudadanos en riesgo de exclusión social, o que 3 millones de niños no tengan suficiente alimento para llevarse a la boca, aceptando sin más que España sea el segundo país de Europa donde más ha crecido la desigualdad. Y apenas clamamos ante injusticias como la de Madrid, donde se comerció con viviendas de protección oficial para venderlas a un fondo buitre, o que en Castilla La Mancha, no hace tantos años, la presidenta de entonces estuviera dispuesta a vender dos hospitales para pagar la deuda de la Comunidad. Incluso que ni nos inmutemos ante la cicatería del gobierno central para financiar el fármaco Sovaldi a los afectados por la hepatitis C. Ya ni siquiera hacemos caso a las puertas giratorias que siguen tan bien engrasadas desde hace años, sin llamarnos la atención el último beneficiario, el ex director de la Guardia Civil y mucho antes jardinero, el sr. Fernández de Mesa. Tampoco nos importa gran cosa el feo asunto de

la corrupción campando a sus anchas, carcomiendo poco a poco la credibilidad de las instituciones, incluida la Corona (todos son iguales, solemos decir), así que volvemos a votar (incluso muchos admiten que con la nariz tapada) a los mismos corruptos o a quienes la han consentido, de manera que poco importan unos SMSs vergonzantes de un presidente, los millones del fraude de los ERES, la corrupción sistemática en Valencia, Madrid o Cataluña, o las campañas electorales financiadas con dinero negro o dopadas, que se diría en deporte; y es porque el miedo está ahí, nos atenaza; el miedo es libre. Tenemos pavor al cambio, cuando lo más saludable es que las corruptelas se depuren en la oposición, como está ocurriendo en Valencia, algo que difícilmente, al menos en lo que atañe al esclarecimiento completo de los hechos delictivos, va a ocurrir en Andalucía, Madrid, Cataluña y por supuesto, a nivel nacional (no podemos olvidar que España, o "la Marca España", que dicen desde el Ejecutivo, se situó en enero de 2017 en su peor resultado histórico en cuanto a corrupción, ocupando el puesto 21 entre 32 países de Europa, justo por detrás de Eslovenia y Lituania, y en el 41 a nivel global, quedando situada entre Costa Rica y Brunei), ya que la capacidad para mover los resortes desde el poder se multiplican, teniendo opción de esconder y/o destruir pruebas).
Nos conformamos con cuanto de malo y trágico les sucede a los refugiados que huyen de sus países, algo que haríamos nosotros de vivir en España si las condiciones fueran parecidas a las suyas. Asumimos sin rechistar que el mercado laboral es el que es; o el cumplimiento del déficit anual para preservar la macroeconomía y nuestra moneda única, a pesar del sufrimiento de los ciudadanos del Sur. Ni siquiera se nos ocurre la posibilidad de debatir en cuanto a un cambio sustancial del modelo productivo, si queremos que España se embarque al fin en una economía diversa y sostenible en el tiempo, de donde se destierren al fin las palabras estacionalidad y precario, buscando en todo momento el valor añadido.
Vivir en el conformismo me parece a mí la forma más perfecta de empobrecimiento. Si no nos atrevemos, habremos contribuido de manera definitiva al anquilosamiento de la actual sociedad. Vivir atenazados por la parálisis, sin duda favorecerá el resurgir de la intransigencia y quién sabe -espero que no- de los autoritarismos disfrazados de populistas. Aunque ahí está el vencedor sr. Trump para desmentirme, y quién sabe si la sra. Le Pen en Francia, o la extrema derecha en Alemania para más adelante, cuando se celebren elecciones en esos países.
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